Integración escolar: por ahora un sueño.

A comienzos de Septiembre estuve en un foro sobre discapacidad, el tema central fue la inclusión. Todos los ponentes hablaban de esta como un derecho, una obligación,  un deber, un objetivo. Todos estábamos de acuerdo en la necesidad de promover una sociedad más incluyente.  Pero cuánta de toda esa retórica (porque sin proyectos sólidos termina siendo eso),  resulta aplicable a la realidad de nuestro país,  de nuestros hijos.

La integración escolar de Sebastián comenzó temprano,  incluso antes del diagnóstico. Tenía la errónea idea de que al estar con chicos de su edad “normales” se irían corrigiendo esas conductas extrañas que presentaba.  No sabía de autismo,  la palabra ni siquiera me era familiar. Así que envíe a mi hijo a un colegio de chicos normales para iniciar su kinder, sin nada más que su morral y la esperanza de que todo saldría bien.

Fue el punto de división. El descubrimiento de lo innegable. Mi hijo no era normal o por lo menos no encajaba dentro de lo que llamamos normal, no fueron delicados,   y prácticamente huimos de allí. Aún así no me desvié de mi objetivo: La inclusión.  Después de la dramática salida de su primer colegio,  le siguió otro definitivamente más humano pero las dificultades continuaron y las maestras, todas maravillosas, hacían malabares para tratar de ayudar a un pequeño que desconcertaba con sus estereotipias,  su mirada perdida,  su aislamiento y sus llantos repentinos.

Maestras… debo decir que en este segundo colegio no tuve queja de ninguna de ellas ,  es más, Maryuri, quien lo acompañó en su cuarto y último año hizo el mayor esfuerzo, en contra incluso de padres y directivas. Aún hoy Sebastián la recuerda afectuosamente y es que fueron tiempos difíciles, fue su salvavidas. De este colegio también huimos con grandes heridas y duras historias. La inclusión allí tampoco fue como debía ser.

Y seguí. Tendríamos que lograrlo de alguna forma. Visitamos otros colegios pero todos nos cerraron las puertas cuando mencionábamos AUTISMO. Colegios que se ufanaban de tener aulas inclusivas (que en realidad estaban lejos de serlo) negaban el cupo con las excusas más absurdas. En uno llegaron a decir que mi hijo no era educable y enviaron dicho concepto a la Secretaría de educación,  lo que cerró toda posibilidad educativa y reducía el asunto a una institución de salud. Tremenda locura!!! y a esperar meses a que ese concepto se perdiera entre una montaña de papeles y volver a intentarlo.

Sebastián hoy en día tiene 15 años. Su infancia y adolescencia se ha ocupado tratando de encajar, golpeando puertas, intentando la integración. Ahora le dicen que es posible que se pueda integrar. Me pregunto: qué hará mi hijo en un salón con compañeros de su misma edad,  adolescentes con una visión tan diferente del mundo que lo que menos necesitan y quieren es ser amigos de una persona con autismo. O, con chicos más pequeños que él evidenciando la diferencia.  Seamos realistas la inclusión parte desde la visión que la comunidad tenga de la discapacidad. Y aún sigue siendo seres raros que alteran la rutina de la escuela.

En Colombia la inclusión escolar es un proyecto fallido al que no se le ha puesto la seriedad que debieran. No podemos llamar inclusión a escuelas con salones exclusivos para necesidades educativas especiales donde el único momento de “integración” sea la hora del recreo. O escuelas donde ubiquen un determinado número de jóvenes con distintas discapacidades en salones atiborrados de alumnos neurotípicos que ignoran cómo interactuar con estos compañeros diferentes y sin la mediación de maestros preparados para tal fin.

Hoy en día la educación se volvió masiva, cuantifican todo, quieren llegar al mayor número de niños y jóvenes sin contar con instalaciones y herramientas apropiadas,  sin capacitar a los maestros y negando un problema grave como el matoneo o bullying.

Incluso los colegios que se autodenominan integradores están lejos de serlo. hablando de autismo específicamente, el único existente en mi ciudad (Bogotá) aún es un proyecto con mucho por corregir sobretodo en lo que respecta a seguridad de los alumnos especiales expuestos al bullying de sus compañeros y al manejo que un maestro pudiese hacer de estos “complicados” alumnos.  Por esto la mayoría deben asistir con apoyos o sombras.

Siempre estaré a favor de la inclusión.  Es una experiencia maravillosa y valiosa para las personas con cualquier discapacidad. Más valiosa si se quiere para la sociedad “normal”. Pero mientras no se haga con honestidad y bien hecha no se puede llamar inclusión.

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