CÓMO TE VERÍAS A LOS 21

Mi sobrina Isabel es una pequeña con la intuición y empatía que en muy pocas personas se puede encontrar por estos tiempos. Sus ojazos negros brillando anticipan sus palabras sobre todo cuando toma aliento luego de un silencio para dejar salir su sabiduría inusual a tan corta edad.

Esa noche Sebastián estaba alterado, agitaba sus manos y caminaba por la casa con pasos ansiosos, nadie podía tocarlo y su ansiedad empezó a escalar cada vez con más agitación. Me preocupaba que no dejaría dormir a su prima y con frustración le grité “¡No más!! Suficiente!!

Pero Isabel aparece en escena para decirme con esa vocecita de niña sabia:

– Cálmate. Baja la voz y dile muy bajito y lento… TRANQUILO SEBASTIÁN, TODO VA A ESTAR BIEN.

Y cierra con la frase que me dejó sin aliento… como solo ella sabe hacerlo:

“Debe ser difícil ser así como es él”

Esa noche se quedó esperando a que siguiera su consejo y lo hice. Lo que sucedió después fue magia imposible de describir.

Sebastián acaba de cumplir 21 años y el día de su cumple recordé ese suceso y la frase tan elocuente. Su valentía reta cualquier idea del significado que pueda tener la palabra cuando se trata de ser diferente.

Siempre me pregunté cómo estaría su valentía a los 21 años. Hoy  la veo como una armadura sólida y con inevitables señales de batallas enfrentadas. Me pregunté cómo estaría su sonrisa y la duda es despejada cuando se ríe de los despistes de su mamá ya sea en casa cuando pierdo las llaves o en medio de un centro comercial mientras los bomberos nos sacan del área restringida donde nos metimos gracias a mí.  Me pregunté cómo estarían sus sueños y sé que siguen intactos cuando observa esa motocicleta que desde los trece años me ha pedido.

¿Cómo te verías a los 21? Como el valiente que siempre has sido. Felicidad y fuerza mi guerrero que las batallas seguirán y la armadura sigue resistiendo, aun sabiendo, como dice la pequeña, que no es fácil ser como eres.

Felices 19! mi rebelde.

 

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Y aunque ya no tan niño sigue intacta tu esencia,  esa que amo aunque no me dejes escribir la entrada el día que era,  o sea el 23.  Siempre me decían que con el paso de los años las conductas,  el comportamiento y todas esas locuras que hacen reír y llorar mermarían,  decantarían en un reflexivo y obediente chico. Pues tu demostraste que antes que reflexivo y obediente eres un explorador inquieto, un huracán de energía y un cuestionador de órdenes.  Y eso me encanta! (aunque me agote).

Por más que te consideren “grandecito” seguiremos en esa inusual tarea de buscar el búho cada cierto tiempo en el jardín. O  Haciendo del chocolate la base de tus suministros,  junto a las galletas y la infaltable leche (disidente declarado de la dieta libre de gluten jjjj nos burlamos de ella). O Saltando en medio de la gente fallando en nuestro intento de pasar desapercibidos. O soltando esa frase que antes me hacía sonrojar y ahora intento disimular con un “se piensa, no se dice”. Seguiré pidiendo disculpas cuando tus sentidos te lleven a irrumpir en un zapatería o en una tienda de música o… en una tienda de galletas (de ahí difícilmente te sacaré). Seguiré escuchando una y otra vez esa canción que a ti te gusta y a mi me enloquece… seguiré siendo cómplice de lo que los profesionales llaman conductas disrruptivas y yo le llamo simplemente: SER.

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Y es por eso que busco fuerza y sabiduría.  Fuerza para resistir no al autismo,  sino a la rebeldía que ejerces cuando la curiosidad te lleva justo en el sentido contrario donde debemos ir.  Sabiduría para hacerte feliz cada día y no permitir que las caducas teorías guíen nuestro destino.

Sigue siendo rebelde, contestatario,  inconforme, curioso,  inquieto.  Sigue siendo tú,  la razón por la que luchar se convierte en aventura.

Felices 19!

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