Asperger: genios no… geniales!

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“Un océano de genialidad vale menos que una gota de bondad” Charles Gounod.

Marcos acaba de descubrir su diagnóstico,  se adelantó por meses a su médico,  a su psiquiatra y a su maestra. En el consultorio no encuentra la respuesta que necesita y a través de Internet las respuestas son muchas y contradictorias. Los titulares van desde hechos violentos perpetrados por jóvenes solitarios,  Bullying sistemático en todos los países, Blogs melancólicos,  Blogs radicales,  Blogs científicos… en fin. Pero el término que más se vincula con la etiqueta que denomina sus “rarezas” es GENIOS. Y definitivamente es la que menos le disgusta pero por alguna razón le incomoda.

Encontrarse con nombres como Albert Einstein, Isaac Newton,  Nicola Tesla, Steve Jobs o Bill Gates es lo más común.  Todos exitosos inventores,  perfiles de genios indiscutibles. Una trinchera en medio de un bombardeo de prejuicios quizá.  Una armadura que no a todos les queda. Entre ellos en la absoluta honestidad de su corazón…a Marcos.

Las mañanas abren el cielo y no muy motivado Marcos se levanta rumbo a la escuela donde le espera un día con no poca carga de ansiedad. Algunos de sus compañeros lo han hecho blanco de sus burlas y otros tantos murmuran del raro del salón. No tiene amigos y prefiere pasar su recreo en la sala de maestros donde por lo menos Lucia, su maestra de ciencias, aguanta sus conferencias sobre política y economía mundial. Es pésimo en matemáticas y leer le es fácil siempre y cuando sea sobre sus temas de interés.

Las calificaciones no van muy bien.  La política de la escuela es trabajo colaborativo,  grupos donde todos presentan un trabajo al final de clase o bimestre. Marcos no puede trabajar bajo esa modalidad,  prefiere la soledad de su habitación o de uno de los rincones del patio.  Su madre,  quien lo entiende más que nadie,  ya habló con los maestros para pedirles flexibilidad y comprensión:  tiene Asperger.

En el mundo hay muchos Marcos que no son genios pero quienes indudablemente son buenas personas. Aparte de lidiar con un diagnóstico que lo diferencia del resto del mundo,  también tiene que lidiar con un estándar inventado en el cual difícilmente encaja.

Tampoco entiende por qué en redes sociales algunos “aspies” contaminados con inexplicable arrogancia atacan a otros “aspies”,  porque otros “aspies” atacan a los padres – y viceversa – y por qué otros se autodiagnostican y engañan tanto a “aspies” como a los padres. Y Marcos,  conocedor de política, sabe que todo se trata de poder y provecho particular. Ese poder que permea hasta un diagnóstico. No le interesa ese juego de poder.

Por eso decidió ser MARCOS,  un chico asperger que espera salir de su “zona de comodidad” y poder trabajar en grupo,  mejorar en matemáticas,  estudiar política internacional, comprar un enorme perro y ser feliz con lo que la suerte de ser diferente le permita en una sociedad donde ponerse en evidencia parece no favorecer. Orgullo asperger? Eso te acabaría en la escuela. Cosas de la dura realidad que lo virtual no comprenderá jamás.

Él no necesita creerse genio para sentirse y aceptarse tal cual es. Sólo necesita que noten lo genial que es.

Va por ellos: los asperger comunes.  Hoy se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger y muchos no quieren saber de celebraciones,  de “días de” sólo quieren oportunidades, puertas abiertas, construir una vida sin los mitos que rodean su condición. Eso si habría que celebrarse.

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Comparto un vídeo de un YouTuber Asperger,  Diego Yonathan,  quien nos explica con suficiente y necesaria claridad lo que NO es un Asperger.

 

Se pierde el Norte…

El día que nos importó más el cuándo que el porqué.

El día que nos importó más el cuánto que a quiénes.

El día que nos importó más el dónde que el cómo.

El día que nos importó más el autismo que la persona con autismo.

El día que nos importó más el tiempo que el momento.

El día que nos importó más el “mí” que el “nuestro”.

Ese día perdimos el Norte pues…

Importa el porqué… nos clarifica objetivos

Importa quiénes… nos fundamenta la razón.

Importa el cómo… nos deja ver caminos y posibilidades.

Importa la persona con autismo… porque es la razón de la singularidad. De todo!

Importa el momento… porque se queda en la memoria,  se marca en nuestras almas.

Importa “nuestro”… porque la filosofía del “mi” nos lleva a infructuosas y egoístas batallas personales.

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Y es que para ubicar nuestro destino quizá necesitamos la célebre brújula del Capitán Jack Sparrow en Piratas del Caribe,  esa brújula que parecía estropeada pues no apuntaba al Norte sino a la dirección donde se encontraba lo que más se deseaba.

Pero quienes somos padres o madres o familiares de una persona “diferente” sabemos que si esa brújula apunta hacia nosotros o  hacia cosas que aunque hubiesen sido inspiradas en principio por nuestro hijos pero nos desvían a otros ideales…  estamos en problemas,  serios problemas.

Y más complicado se pone cuando justificamos lo injustificable y transaccionamos nuestro objetivo convirtiéndolo en la plataforma que nos facilite mirar desde arriba cuando siempre debemos mirar al frente,  al lado.  Todos iguales. Como dice Antonio Porchia: “Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.”

La buena noticia es que no necesitamos la brújula… y aunque suene cliché o hasta cursi: sólo necesitamos mirar a los ojos de nuestros hijos.  Si, esos transparentes, brillantes,  honestos,  repletos de luz,  para retomar el camino,  el correcto, tenemos esos ojos regalándonos una mirada descontaminada de ambigüedades,  segundas intenciones o engaño.  Esos ojos que nos dicen “Ey! Estoy aquí,  yo soy la razón de toda esta aventura.”

Artista: Ana Karina Valle.

Artista: Ana Karina Valle.

Sabia naturaleza.

Imagen: Googlephotos

Imagen: Googlephotos

 

Cuenta la leyenda que ciertos ciclos de la naturaleza nos dejan a un niño quien en apariencia se ve, se porta como el resto de los habitantes de la Tierra. Meses después su mirada parece tornarse diferente,  aquella hasta el momento mostrando a un niño de sencilla felicidad,  ahora resulta más abierta y definitivamente más curiosa,  como si con sus ojos se apropiara del más mínimo detalle.

Siguen pasando los días.

El resto de sus sentidos se agudiza, de repente adquiere una suerte de poderes a veces desbordándose incontrolables llevándolo a estallar en una serie de emociones difíciles de definir. Descifrar a todos a su alrededor se hace imposible. Entender cómo funciona el mundo se hace angustioso.

Siguen pasando los días.

Y las palabras entran como ráfagas por sus oídos,  incomprensibles,  avasalladoras, invasivas, y paradójicamente no pueden salir por su boca aunque su mente tiene discursos, ideas, hipótesis, historias,  poesía. Entonces nota que sin esas palabras la soledad llega,  la frustración entra y la confusión se establece.

Siguen pasando los días.

Durante muchos años verá frecuentemente a unos seres de bata blanca y mirada helada buscando explicar la razón de tan extraña forma de ser. Es imperativo ponerle un nombre a esa rareza,  pero ese niño no entiende por qué teniendo un nombre deberá llevar otro más,  tiene miedo de que olviden su nombre,  el de verdad.  Ahora esos personajes aterradores buscan definitivamente asignarle uno inseparable para toda su vida.

Siguen pasando los días.

Autismo le tocó. Los libros lo dicen y una cosa lejana al alma llamada ciencia lo confirmó. Y descubrió que al pronunciarse ese nombre impostado el mundo huía ya fuera por ignorancia o simplemente volteaba la espalda con indiferencia.  Jamás entendió por qué era necesario ese nombre y contrario al abra-cadabra mágico de su cuento favorito,  decir autismo tenía un efecto indeseable… cerraba puertas y muy fuerte.

Siguen pasando los días.

Han transcurrido años entre escuelas. Ha sido afortunado pues aunque saben ese otro nombre,  prefirieron llamarlo por el de nacimiento y eso lo hacía feliz. Sin embargo,  otros se empeñaban en marcarlo indeleble con ese incómodo diagnóstico, su nombre alternativo y eso lo hacía muy triste. Con el tiempo el autismo se antepuso con sus inevitables consecuencias. El mundo no tenía espacio para personas así.  Rarezas como esas desentonan en el paisaje de seres comunes sin dar problemas,  ejecutando sin cuestionar y funcionando sin mayores variaciones.

Y pasaron los días.

Esos poderes crecieron con él y si bien muchos intentaron controlar o eliminar,  ahora están exacerbados.  Y el mundo empeñado en complicar todo con en el “de repente”, “vamos ya”, “los planes han cambiado”… todo fuera de orden.  Caos y más caos. Ni siquiera esas lentejuelas blancas atontadoras logran detener esa marea de sensaciones y percepciones. Por el contrario lo anulan,  le hacen sentir que ya nada importa,  y no le gusta sentirse así.

Y un día escuchó que con el pasar de los años ese nombre impostado se vuelve el protagonista con las consecuencias temidas: indiferencia,  y algo más… surge un nuevo atributo, sí así se le puede llamar:  Invisible. Si,  se hacen invisibles para la gran mayoría,  sobre todos para los que por voluntad propia no quieren ver. Ni los de bata blanca,  ni los maestros, ni la sociedad los vuelve a ver. Desaparecen ante sus ojos,  pero allí están,  esperando a ser vistos y que entiendan que crecer no es desaparecer aunque así lo desearan quienes tienen la obligación de hacerlos visibles a través de las oportunidades. Las anheladas y merecidas oportunidades

Cuenta la leyenda que ciertos ciclos de la naturaleza nos dejan a un niño diferente…

Y  ella, sabia,  perfecta,  lo seguirá haciendo.  Seguirá enviando personas diferentes aún en contra de una humanidad tremendamente resistente a entender y  maravillarse de lo distinto. En su temeroso-apático entender,  se pierde de disfrutar,  de valorar, de gozarse los seres más fascinantes que en su sabiduría nos regala por un sencillo motivo: Evolucionar.

Pdt. En autismo nadie ha dicho la última palabra, y nadie tiene una bola mágica para adivinar el futuro, ni aún los personajes de bata blanca. Las mamis con amor, con coraje, con perseverancia rompemos los papelitos y los enviamos a otras galaxias, a otras dimensiones y construimos un mundo donde cabemos todos, a fuerza.  Tere Acosta.(Madre persona con T.E.A.).
Pdt. Lo que pasa es que aunque en la intimidad de nuestra vida cotidiana no usemos etiquetas, la etiqueta de igual manera les llega a los niños, por ejemplo mi hija sabe exactamente quien es el aspie o el autista en su colegio y solo tiene 9 años… obviamente no fuy yo ni sus compañeros los que le dirigieron, ni sus profesores le pasaron una nomina, las etiquetas estan en todas partes y los niños escuchan aunque aveces los adultos crean que no, entonces si estamos en un mundo de Etiquetas y no lo podemos controlar es mejor que estás carezcan de estigmas.  Jethzabet Yañez (Madre de una persona con Asperger).

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Lista de deseos (II)

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Finalizamos un año para muchos de intensa lucha. Parece que cada vez es más difícil,  aún así, parece que cada vez somos más fuertes.  Pero ha llegado el momento de desear cosas buenas.  Cómo no hacerlo si nos alimentamos de la esperanza,  de imaginar que si se puede!

Y es por eso que quiero extender  deseos a todas las familias.  A las admirables,  a las valientes,  a las amorosas, a las agotadas, a las maltratadas a todas…

Deseo que encontremos profesionales empáticos. Que nos pronostique una buena evolución, que nos auguren avances sin límites.

Deseo que el sistema de salud nos brinde la intervención, encontremos terapeutas dispuestos a escucharnos para aprender de nosotros, de nuestros hijos y juntos busquemos caminos para ayudarnos mutuamente.

Deseo que la escuela nos abra las puertas y no tengamos que buscar “trucos” para abrirlas. Que detrás de ellas exista una sonrisa, un sí es posible!! Que hagan sentir a nuestros hijos acogidos y cómodos, en el lugar correcto,  dónde siempre deben estar: el aula de clases.

Deseo que hallemos maestros,  mentores, exploradores,  tercos optimistas. De esos con quien dejas a tus hijos confiado e ilusionado. Que enseñan,  guían, alimentan y sobre todo creen que un alumno diferente no es un reto,  es la mejor oportunidad de sus vidas.

 

Deseo que nuestros hijos encuentren compañeros solidarios, que les hagan comprender el poder de la amistad y el valor de tener a alguien que puedan llamar amigo.

Deseo que encontremos en el camino desconocidos empáticos. Que sí se quedan mirando es para cederte el turno en la fila, el lugar en el autobus o como hace algunos días me sucedió,  preguntar sí  puede ayudar.

Deseo que nos apoyemos entre las familias que transitamos el mismo camino. Que encontremos compañeros de viaje con quien podamos tomar un café y prometer no hablar de autismo y aún así terminar por darnos cuenta que llevamos dos horas disertando inevitablemente sobre el complejo y desconcertante mundo TEA.

Deseo que cada día que vivimos esta aventura junto a nuestros hijos podamos darnos cuenta de lo valientes que son, de lo fuertes que son, de lo fascinantes y divertidos que son,  de cuánto nos enseñan,  de cuánto nos fortalecen y de cuánto amor nos llenan para seguir adelante.

Deseo más SI y menos NO.

Deseo sonrisas, deseo miradas, deseo buenas y bonitas cosas.

FELIZ 2017 !!!

 

Pdt: Hoy acabo de terminar la lectura del libro “La Razón por la que Salto” de Nahoki Higashida,  su autor es una persona con autismo no verbal,  quien utiliza el medio escrito para plasmar sus pensamientos. Lo recomiendo.  Siempre es bueno conocer el autismo desde la perspectiva de las personas con la condición y más cuando son no verbales,  porque derriban ese absurdo mito de pensar que por no hablar no sienten o comunican. Es un libro para leer con la mente muy abierta y empática.UTVBBLPLLWATOWDEGTDUPLQIAHMRFRJFQDKZPUJZOV

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Un test no es un pronóstico.

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Muchas personas con autismo ven condicionado el acceso a las aulas por una herramienta bastante impopular,  bastante excluyente y poco certera a la hora de determinar sí un alumno con autismo merece o no un cupo. Determina según la escuela que tan profunda es la discapacidad evaluando inteligencia matemática,  lógica y otras tantas incoherencias que lejos están de llegar a definir lo brillante que eres.

A propósito,  a riesgo de parecer poco inteligente… han tratado de resolver una de esos test? Créanme no desafían para nada nuestras destrezas pero si la paciencia porque además tiene la presión del tiempo y las preguntas no tienen forma de adaptarse a un cerebro autista. En pocas palabras,  ya de por sí la tienen difícil y les ponen semejante desafío. Y puedo apostar que pocos psicólogos o docentes que la aplican la descifrarán dentro del rango de genios.

En ese orden o desorden de ideas… habrán escuchado sobre inteligencias múltiples los fanáticos del IQ? Entenderán que sí el chico no descifra la secuencia numérica pero interpreta armoniosamente el piano eso también es inteligencia? Comprenderán que un juego de palabras no define el maravilloso pintor que tienen frente a ellos?

Finalizo este post con un texto escrito por Kerry Magro,  una persona con autismo que te dirá con propiedad,  porqué un test de IQ no define tus verdaderas habilidades.

MEDIR LA INTELIGENCIA EN EL AUTISMO Por Kerry Magro.

Traducido por Carmen Rincón.

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Últimamente he recibido varias llamadas de padres que querían hablar conmigo sobre mi finalización del Máster en Estrategias de Comunicación en Seton Hall en New Jersey. Aunque la ceremonia de graduación no tendrá lugar hasta mayo, es un gran alivio para toda mi familia, que ha estado a mi lado en este duro viaje desde que fui diagnosticado a la edad de 4 años. Mi mirada hacia el futuro provoca una mirada hacia mi pasado: ¿Quién habría podido predecir dónde iba a terminar yo hoy?

Me pregunto si las pruebas que me hicieron y mi diagnóstico temprano habrían podido predecir este resultado. Es verdad que todos nos esforzamos cuando vemos que hay posibilidades. A menudo creemos que si trabajamos más y dedicamos un mayor esfuerzo a algo, todo saldrá bien. Un día me estremeció un comentario que mi madre escuchó a un abogado que representaba a un niño de educación especial. El abogado preguntó a los padres de un niño con Trastorno del Espectro del  Autismo, cuáles creían en realidad que iban a ser los resultados que alcanzara su hijo. Ciertas deducciones hacían pensar que un niño con T.E.A. solo podría progresar hasta cierto punto con este diagnóstico, entonces ¿qué esperaban?

Esto me llevó a un debate sobre mi diagnóstico temprano. Cuando me diagnosticaron por primera vez hice una test de inteligencia. El test se dividía en diferentes categorías basadas en el rendimiento, resultando en un “coeficiente de inteligencia” (IQ). El coeficiente medio se considera 100. Un coeficiente mayor de 145 se considera a menudo representativo de un genio mientras que uno por debajo de 70 implica discapacidad intelectual. Tras hacer el test recibí un coeficiente de 54, que me clasificaba como “severamente discapacitado”.

Ahora mucha gente dice que los niños pequeños no pueden ser evaluados con precisión y aquello fue un factor definitivo para mí. Mi madre escribió en su diario que el día que vio aquel número que equivalía a discapacidad intelectual fue uno de los más duros de su vida. Había contemplado el hecho de que su único hijo no podía ser más que inteligente pero aquel número atestiguaba una realidad muy diferente.

Este número surgió de nuevo hace poco debido a que, tras terminar mi Máster me enteré de que recibí una nota media de 3.8 sobre 4.0 con distinción.

Si solo extrajera una moraleja de esta historia, diría que no puedes juzgar un libro por sus números, especialmente si el libro tiene autismo. La mayoría de adultos con los que me he encontrado hoy y que están por ahí desempeñando un trabajo manifiestan su odio por los tests, cada vez más frecuentes, y no puedo culparles.

Parece que hoy en día la mayoría de tests no son precisamente amables con las personas que tienen autismo. Pensad en cuántos tests estandarizados se están distribuyendo en la actualidad. ¿Qué significa “estándar” para una persona con autismo?

Debo expresar lo afortunado que he sido por recibir los apoyos que recibí mientras crecía. Puede que no haya sido nunca capaz de destacar entre mis compañeros en los tests pero esto no me ha detenido para poder llegar a donde estoy ahora.

La respuesta de mi madre a los padres que he mencionado antes fue hacer una llamada a su hijo Kerry y decirles que será un placer para mí darles mi testimonio basado en mi experiencia de que un diagnóstico de autismo no es sinónimo de fracaso. Después de todo, si yo pude graduarme con distinción en mi Máster tras una evaluación inicial de mi coeficiente de inteligencia de 54, nadie debería permitir que las etiquetas o los estereotipos en la competencia educativa influyan en las oportunidades que se ofrecen a un adulto con autismo.

Todos en nuestra comunidad necesitamos echar abajo los estereotipos creyendo en nuestras posibilidades, en nuestras capacidades, y con un poco de suerte, los adultos con autismo recibiremos financiación para conseguir oportunidades de trabajo, servicios y alojamiento.

 

Kerry Magro (Joven con Autismo, activista y defensor de los derechos de las personas con Autismo)

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Fuente: http://www.autismafter16.com/article/02-01-2013/measuring-intelligence

Cuando el autismo nos golpea, literalmente.

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Son las tres de la tarde,  atravesamos la ciudad en un bus rumbo a casa.  El clima está perfecto,  pero dentro del bus una tormenta amenaza con desatarse. El bus no va muy lleno,  mi hijo va sentado,  comió bien, tomó líquido, no obstante 19 años me dan la experiencia para más que intuir,  saber que la aparente calma es realmente una tensa calma.

Vamos con la abuela quien en su sabiduría también presiente que algo no muy bueno viene y lo comprueba cuando una patada impacta en mi pierna y luego otra más. Evito que me vuelva a golpear pero es inútil, varios puñetazos aciertan en mi brazo y uno más en mi espalda.

Olvídate! En ese momento no piensas en “oh! Es el autismo!” “Debe ser una alteración de procesamiento sensorial” “Es una forma de comunicación” “Es una conducta desafiante”… etc., No.

En ese momento es tu hijo el que te está golpeando y te duelen esos golpes más en el alma que en el cuerpo. Y no quieres derrumbarte en medio de un público que lanza juicios sobre lo mala madre que eres. En la mayoría de los casos uno se comporta como si no pasara nada y casi que como un autómata – justificado en la necesidad de no perder el control cuando más lo necesitas – trata de evitar golpes y hacer una ineficaz contención.

Quizá en casa,  donde también puede suceder un incidente así,  puedas aplicar voz firme y reclamar respeto y calma contundemente.  Más tarde hablarlo y mostrarte que estuvo mal (porque el hecho que tengan una condición no los exime de tener valores).  Y mucho más tarde si,  analizar el antes,  durante y después,  todo tiene una razón de ser. Lo último que se puede perder después de la esperanza es el sentido común.

Caso contrario es en un lugar público,  donde si aplicas voz firme y contundente terminas enganchado con unos “defensores” que nadie pidió y los ánimos se exacerban y nada, el caos entra y hará de las suyas. No se cómo será en otros países, pero acá la hipocresía es frecuente.

Pero cerremos la historia. Pido al conductor que se detenga para bajar del bus,  las razones sobran cuando estábamos justo detrás de él. Pero me desconcierta su no. Aun así me acerco a la puerta y timbro y en un acto de empatía que no esperaba en aquella pesadilla los pasajeros lo obligan a detenerse y abrir las puertas. Y yo sólo trataba de respirar y no soltar la mano de mi hijo que aún no encontraba la calma.

En un escenario como ese lejos está una madre de sentir rabia contra su hijo,  pero sí frustración en estado puro. La culpa aparece, el miedo infaltable y aun así la esperanza en que nunca volverá a suceder.

Sí como mamá pasé un pésimo momento,  seguramente mi hijo lo ha pasado peor.  Ambos llevamos tristeza en el corazón cuando la tormenta cesa. El silencio es inevitable,  tanto como inevitable imaginar qué detonará el próximo evento de agresión.

No se habla mucho de esto, pero es más frecuente de lo que parece. Muchos lanzarán sus hipótesis sobre la razón del que un hijo agreda a golpes a su mamá. Muchas serán válidas y otras tantas no lo serán.  Muchas dirán que es victimización,  otras se identificarán y hasta se solidarizarán (cosa que es más proactiva 😉 ) Pero definitivamente es momento de reconocer que existen temas tabú,  situaciones que no salen a la luz por temor al juicio social.

Hoy quise contar algo que no se cuenta.  Pero no para desacreditar el autismo,  ni hacerle mala prensa a mi hijo,  a quien adoro con todo mi corazón y pues no creo que sea el único con arranques de boxeador. Quise contarlo para que otras madres que viven esta situación frecuente o infrecuentemente no teman hablarlo. Que tal y alguna haya superado esos eventos y nos pueda dar el consejo de la vida.  Yo por mi parte,  le estaría agradecida.

Mientras tanto,  tomamos leche con galletas y en silencio nos miramos y decimos ¡Qué día!

Felices 19! mi rebelde.

 

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Y aunque ya no tan niño sigue intacta tu esencia,  esa que amo aunque no me dejes escribir la entrada el día que era,  o sea el 23.  Siempre me decían que con el paso de los años las conductas,  el comportamiento y todas esas locuras que hacen reír y llorar mermarían,  decantarían en un reflexivo y obediente chico. Pues tu demostraste que antes que reflexivo y obediente eres un explorador inquieto, un huracán de energía y un cuestionador de órdenes.  Y eso me encanta! (aunque me agote).

Por más que te consideren “grandecito” seguiremos en esa inusual tarea de buscar el búho cada cierto tiempo en el jardín. O  Haciendo del chocolate la base de tus suministros,  junto a las galletas y la infaltable leche (disidente declarado de la dieta libre de gluten jjjj nos burlamos de ella). O Saltando en medio de la gente fallando en nuestro intento de pasar desapercibidos. O soltando esa frase que antes me hacía sonrojar y ahora intento disimular con un “se piensa, no se dice”. Seguiré pidiendo disculpas cuando tus sentidos te lleven a irrumpir en un zapatería o en una tienda de música o… en una tienda de galletas (de ahí difícilmente te sacaré). Seguiré escuchando una y otra vez esa canción que a ti te gusta y a mi me enloquece… seguiré siendo cómplice de lo que los profesionales llaman conductas disrruptivas y yo le llamo simplemente: SER.

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Y es por eso que busco fuerza y sabiduría.  Fuerza para resistir no al autismo,  sino a la rebeldía que ejerces cuando la curiosidad te lleva justo en el sentido contrario donde debemos ir.  Sabiduría para hacerte feliz cada día y no permitir que las caducas teorías guíen nuestro destino.

Sigue siendo rebelde, contestatario,  inconforme, curioso,  inquieto.  Sigue siendo tú,  la razón por la que luchar se convierte en aventura.

Felices 19!

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