El tiempo tangible (2)

Continuando con el tema de la gestión del tiempo…En casa manejamos una agenda de pared muy básica,  con las actividades principales a lo largo del día,  no muy numerosas porque de entrada la rechazaría.

DSC_0220

Para actividades más específicas tenemos una agenda portátil donde le explico que sucederá en una jornada: mañana,  tarde o noche.  Esta me permite agregar más tareas.

DSC_0222

En esta última me apoyo para eventos que resultan estresantes para mi hijo como ir al médico o una fiesta de cumpleaños. Allí registramos con pictos cada suceso,  lo que le ayuda a anticipar y estar más tranquilo porque sabe cómo transcurrirá ese evento.

Pero no todo es tan fácil porque la mayoría de actividades fuera de casa no transcurren en una linea de tiempo predecible y puede que se desarrollen  en poco tiempo o incluso pasar largos minutos.

No obstante hay casos donde definitivamente anticipar se nos hace complicado: Cita de neurología a las 10:00 am (se anticipó en las agendas) llegamos muy puntuales y todo sucedió según lo secuenciado (llegar, anunciarnos,  pagar,  sentarse en sala de espera…) aún así la sala de espera comienza a angustiar, la doctora no llega y NO SE SABE si tardará. Lo que si no da espera es la ansiedad de mi hijo. Ya no quiere estar más sentado y empieza a golpear puertas de consultorios al azar como esperando que el siguiente paso se dé pronto.  Afortunadamente segundos antes de que una rabieta aparezca hace presencia la doctora.  Esta vez tuvimos suerte.  En otras ocasiones la doctora no fue tan oportuna y la consulta no fue tan objetiva como hubiese querido.

En esos momentos donde los periodos de tiempo son un enigma lo único que puedo hacer es hacer olvidar que el tiempo existe y aprovechando sus intereses recurrir a disipadores de angustia: Tablet, revistas de viajeros y música hacen que la prolongada espera no sea tan traumática. Las historias sociales también pueden ayudar a asumir mejor esas eventualidades. No son infalibles porque todo depende del entorno y de la disposición del chico.

turneroEsperar su pedido en un restaurante también le llevaba al límite,  pero gracias a ese “invento” llamado anunciadores de turno… esas cajitas que te entregan cuando haces tu orden y que cuando ya está lista hacen un sonido o vibran o se iluminan, la espera ya no es tan tensa (aplausos al que lo ideó). Evitamos,  por ahora, aquellos sitios donde sabemos no son muy rápidos, ni hay un indicador de turno.

Todo esto para darle sentido y “estructura” a su día hasta donde esté a nuestro alcance.  Anticipar y predecir el tiempo es algo muy difícil en esta sociedad caótica donde cada uno vive a su ritmo, pero definitivamente es necesario ponernos en el lugar de nuestros hijos y darles herramientas para que gestionen su tiempo y de paso la angustia que en muchos de ellos puede generar su interpretación del entorno. Con el tiempo maduran la paciencia y ya no tendremos que recurrir a tanta cosa,  nos dan gratas sorpresas a medida que crecen.

El tiempo tangible.

Para nuestros hijos manejar el concepto de tiempo es una tarea bien difícil sin las herramientas e instrucciones adecuadas.  Siendo algo tan abstracto llegamos a complicarlo aún más si lo definimos a través de nuestras ambiguas expresiones: “dame un minuto” “espera un segundo” “en un momento…” “pronto llegaremos a…”

El manejo del tiempo se hace tan necesario que resulta imprescindible mostrarles el tiempo en unidades “tangibles”, es un ingrediente esencial en los procesos de anticipación,  estructuración y organización de su día a día.  Adaptar esta enseñanza evita las consecuentes rabietas por no saber cuánto durará una actividad,  cuándo se realizará y cómo saber empezar o acabar una tarea.

Esta vez quiero hablar sobre el tiempo en sí.  Como adultos neurotípicos siempre queremos tener el tiempo bajo control.  Usamos relojes de pulso,  alarmas o señales que nos indiquen cuánto tiempo falta,  tendremos o tomaremos para un evento cotidiano. Siempre preguntamos “cuánto durará la reunión” “cuándo llegarás a casa” “cuánto tardarás”. Nuestros hijos también se hacen esas preguntas y necesitan a su manera cuantificar el tiempo,  hacerlo tangible.

Con mi hijo notaba que siempre al iniciar actividades comenzaba la ansiedad,  no permanecía mucho en la silla y su mente no estaba presente. Cuando la situación era abrumadora porque tenía varias actividades de mesa la rabieta no tardaba en aparecer.  Aún con la agenda visual enumerando la secuencia de tareas la ansiedad continuaba.  Notaba que al decirle “cuando termines de rellenar de color la figura habremos terminado” le daba cierta tranquilidad pero entonces él manejaba el tiempo coloreando rapidísimo y volaba de su silla sin más una vez terminaba.

polloFue así como vimos la necesidad de  un marcador tangible pero neutral administrando el tiempo que permanecería en su actividad.  Así sencillamente “Pollo” se convirtió en nuestro aliado,  un cronómetro de cocina.  Es una solución sencilla y pareciera muy obvia pero no tanto,  porque ningún terapeuta,  ni maestro,  ni psicólogo había hecho uso de esta herramienta y siempre se encontraban con un chico veloz en sus tareas y que escapaba cuando le venía en gana.

Al comienzo los periodos de tiempo eran cortos para evitar que odiara a Pollo.  Usando la agenda visual y  las bandejas de tareas que como máximo son tres,  cinco minutos fueron suficientes para iniciar. Poco a poco fuimos aumentando los periodos de tiempo hasta llegar a veinte minutos por tarea y dependiendo la misma. A veces atenta al estado anímico y emocional bajo a diez minutos,  pero el siempre está pendiente del Riiiing  que le dice ¡acabamos!

Así hemos evitado esos repentinos saltos de la silla y la evasión del salón o del estudio.

Eso en el trabajo de mesa o incluso de juego.  Pero aún tenemos que solucionar en la cotidianidad ese cuánto,  ese cuándo y es la siguiente entrada donde contaré cómo lo estamos logrando pues el cronómetro se queda en casa,  porque no es agradable un riiiiing en la mitad de una cita médica.