¿ORGULLO AUTISTA?

 

No muevas las manos, manos quietas.
No grites, es autoestimulación.
Así no! A mi manera.
Repite lo que te digo!
No repitas como loro! las ecolalias no dicen nada.
No hables que no es tu turno.
Por qué te callas? es tu turno.
Ponte camisa y deja esas remeras harapientas.
No lleves siempre la misma chaqueta, qué terco eres.
Deja de golpetear los dedos contra tu frente es autolesión.
Camina derecho, saca pecho, hombros atrás.
Camina despacio, no corras.
Vamos a correr ¿Por qué te paralizas?
No te acerques demasiado a la gente, no los invadas.
Acércate! Saluda! Sé educado.
No huelas. No toques. No pruebes.
No destruyas.
No te tapes los oídos.
Aquí no se salta.
Aquí no se ríe fuerte.
Dieta.
Tratamiento
¿Por qué eres tan raro?
¿Por qué tan torpe?
Cálmate!
Siéntate!
Ponte de pie!
No te balancees.
Deja de hacer ese ruido con tu boca, molestas a tus compañeros.
Rápido!
Despacio!
Detente!
Así no!
Así tampoco!
Castigado!
Disruptivo.
Desafiante.
Impulsivo.
Nunca podrás hacerlo.
Cómo es posible que no hagas algo tan simple!?
Manipulador.
No te toques.
No sientas.
Pataletoso.
Llorón.
No repitas la misma canción una y otra vez.
Tu día estructurado. Sigue la agenda.
Hoy es día de parque.
Hoy es día de trabajo en mesa.
Terapia canina.
Terapia de extinción.
Terapia de rocas lunares.
No sé qué hacer contigo.
Interdicción.
Medicación.
Conductismo.
Conejillo de Indias.
Institucionalización.
Inmovilización.
Pruebas.
Coeficiente.
Desconectado.
Incapaz.
Genio.
Ángel.
¿ORGULLO AUTISTA? No. No estás preparado para esta conversación.

 

zoom

..ZOOM…

Termino mi tercera reunión en Zoom del día. Mi atención fue disipándose con los minutos y finalmente sin pedir permiso, ni despedirme de nadie, ni respetando la nueva “net-iqueta”, me desconecté justo cuando alguien dijo “de esta saldremos mejores”

Durante las reuniones me sentí un poco transgresor con mis pantuflas y mi descolorido pantalón deportivo, y aun así hablando de la libertad en tiempos de pandemia. Mis dos amigos no dijeron nada importante más que ponerse de acuerdo en un “estoy de acuerdo”, seguramente intimidados por los seis expertos que intercambiaban sabiduría o egos o no sé qué mierda.

Mientras preparaba café y una tortilla a las diez de la noche, me sentí de nuevo transgresor: esto parecía más un desayuno y así miré por la ventana para comprobar que no hubiese perdido el sentido del tiempo.

Los apartamentos vecinos con sus luces encendidas, se me asemejaban a cubículos de incubación donde cada quien cumplía el pecado capital que eligiera. Seguramente la mayoría eligió la gula, otros la pereza y menos de los que imaginaría la lujuria.

Observo el periódico que ya no me interesa leer y arrojo a la basura como vengándome de los hechos. Funciona un poco, es de las cosas que me satisface hacer.

Enciendo el móvil. Catalina se ve muy feliz en un zoom con su compañero de apartamento, dudo que sea gay; hablan de Nueva Era (Ja!) sonríen como si hubiesen satisfecho un inimaginable pecado, espero que sea la gula.

El Regis sigue haciendo ejercicio y mostrando en directo su culo de acero entre unos pantalones que me ponen claustrofóbico.

De nuevo la frase “De esta saldremos mejores”.

Arrojo sobre la mesa el inocente aparato y me llevo mi humanidad a cuatro pasos donde la laptop me espera con su sarcástico cursor. Siempre arranco por el título “trending topic” en tantos zooms… “De esta saldremos mejores”. Le adicioné interrogaciones al comienzo y al final. ¡Se lo merece!

¿Qué clase de afirmación es esa?

¿Acaso antes éramos tan peores?

Pareciera una condicionante… “salir mejor”. Quizá no quiero, quizá salga más egoísta o un poco más amargado.

Acaso ¿Eso no es libertad? Y la imposición de “salir mejor” me obliga a cumplirle al mundo.

Imagino que “salir mejor” implica levantarse temprano, ejercitarse, desayunar antes de las doce, ordenar el closet, contestar llamadas de amigos y conocidos y tender la cama antes de irse a dormir.

Pongo de mi parte. Lo juro.

Me quedo en Youtube y el algoritmo decide ser sarcástico con este ser desubicado donde otros sí parecen haber encontrado lugar. Allí está Cerati recordándome cuando Zoom era un rock, un blues, un raeggee y no un artificio para explayar sabiduría o trivialidad. Igual que viva el puto mundo libre!

Y en este ZOOM me quedo con la mejor línea de la canción que profetizó un día ese otro zoom…

♫“Pruébame y verás que todos… somos adictos”♫

MOTHERS DAY Y OTRAS REFLEXIONES (Episodio 2)

imagen: pascal campion

Disculpen ustedes que llego tarde, pero es que el día comenzó temprano. Cero horas del 10 y ya estaba celebrando la paciencia, el suspenso y la adrenalina de ser madre de un hijo con autismo. Ya saben cómo es el asunto. Dormí como tres horas y salí de compras porque se había acabado la carne, el pollo y los ponqués de chocolate. Vi flores, peluches, globos y el frenesí comercial de la tan inusual como tradicional celebración. Demasiada gente en la calle y la policía hizo su trabajo, mandó a todos a sus casas como tenía que ser en una alerta naranja. Pero nadie obedeció y en pocos minutos de nuevo gente y más gente. Recordé a los policías en India con sus garrotazos y a los de Singapur con sus chorros de agua, quizá estaríamos en otra situación si la autoridad fuera más contundente. Pero sigamos con el festejo. Entre lavar y limpiar las compras, que de paranoico no tiene nada, entre buscar dejar todo lo más aséptico posible, las horas se fueron marchando. Olvidé decirle a Sebas que hoy se hacía tarjeta para la mamá y solo le pedí un abrazo que sin lío me regaló. Le di los chocolates para la abuela que siempre le entrega con esa segunda intención de comerse la mitad. El toque de queda se activa a las cuatro de la tarde y como la policía se dio por vencida le dejó el problema a la lluvia. En pocos minutos los indisciplinados transeúntes se guardaron en sus casas. Tengo que hacer un postre que toma como una hora en prepararse y tres en enfriarse, a estas alturas comeremos flan de maracuyá a la media noche. El helicóptero con una sirena innecesaria sobrevuela tan bajo como para hacer retumbar las ventanas. Una explosión de pirotecnia ilumina todo el cielo y asusta a dos perros preciosos y enormes. Hoy no vi niños en la calle pero saludé a mis pequeños vecinos, adoro sus sonrisas; no quiero que llegue el 31 de mayo para ellos. Sé que más de la mitad de este escrito no tiene nada que ver con el día de las madres y en reivindicación quiero decirle a esas mamás que hoy no pudieron celebrar con flores o banquetes, que la valentía y el coraje con el que enfrentan vidas dignas de un libro ya es una autocelebración cada hora, cada día, en silencio. Existen maternidades ajenas a la normalidad, que cuando se traslapan con momentos como los actuales cobran un valor a veces desestimado. Feliz día guerreras!

AUTISMO, SER MADRES EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE (Episodio 1)

Imagen Upsocl

En ningún momento de la historia reciente las madres estuvimos tanto tiempo al lado de nuestros hijos. Jamás fuimos más protectoras y recursivas que ahora. Jamás tuvimos más incertidumbre que en esta dura época.

Ser madre se convierte en un rol vital en toda esta maraña de inesperados sucesos. Intensificamos nuestra función, la hacemos más eficiente y en ese ejercicio nos derrumbamos y reconstruimos más veces de las que somos conscientes.

No hay tiempo para sentarse a llorar, a renegar del oficio que se multiplicó entre la asepsia y mantener la nevera abastecida, de la travesura cada hora de un chico que parece descontrolarse cada día más o de las noches de insomnio que dejan una sombra rodeando nuestros ojos o preguntas sin respuesta que nos reconforte.

Jamás nos tocó mimetizar tanto nuestras emociones y demostrar que esto “pronto pasará”, aunque no tengamos la más mínima idea de nada. Muchas aplazamos conversaciones y encuentros con otras colegas, sabemos de ellas porque las vemos en redes sociales en las mismas lides en tanto hierve la leche o se calienta la merienda en el horno.

Nos sentimos acompañadas, también están lidiando duro con la maternidad confinada.

Muchas comenzamos muy proactivas a ejercer el rol de maestras que nos impuso la escuela, y tuvimos relativo éxito. Pero semanas después las cosas de complicaban y, en un derecho que nadie puede juzgar, desistimos y escogimos lo que nuestras fuerzas nos permitían.

Empezamos a desafiar el miedo y a salir equipando a nuestros hijos con mascarillas, anticipándonos a las muchas enseñanzas que habremos de darles para sobrevivir en un mundo que, si antes nos generaba desconfianza, ahora nos hace pensar en ser inmortales.

Y lo estamos haciendo bien. Porque situaciones repletas de incertidumbre hemos vivido desde que nos convertimos en madres de personas que lejos están de darnos certezas, porque sabemos el valor del tiempo y de cada acción que los haga independientes. Porque ahora somos madres que entrenarán a sus hijos para sobrevivir, como siempre, para un mundo que sigue siendo igual de amenazante, pero bajo otras reglas de juego.

Y lo estamos haciendo bien. Porque venimos de entrenarnos en batallas de las que hemos salido victoriosas e indudablemente, más fuertes.

Feliz día, feliz batalla.


 

AUTISMO: EL MUNDO DE MI HIJO TAMBIÉN COLAPSÓ

Sebastián se asoma a la ventana más veces que en los días anteriores. Percibo su energía, esa que aprendí a leer desde bien pequeñito cuando era la única forma de saber, y sigue siéndolo, cómo se sentía o lo que le incomodaba.

Respiro profundo, sé que ha resistido más de lo habitual, me preparo para la explosión de emociones. Allí no funciona anticipar, ni desviar la atención. Lo que se viene es imparable y lo saben quiénes enfrentan con más frecuencia de la que quisiéramos esas rabietas monumentales. Allí la teoría se queda corta, ni siquiera es útil. Allí es dejar explotar.

Para fortuna mía, si se puede llamar así, sus rabietas vienen con una frase que la explica: “está todo cerrado” “sigue cerrado”.

Vivimos en una zona comercialmente fuerte; nos rodean locales por doquier. Sebastián creció entre el bullicio de una comunidad muy activa. Perifoneo, música en parlantes enormes, luces, comercio en los andenes. Si a él se le antoja puede conseguir una galleta de chocolate a las diez de la noche porque hay una panadería que se ve desde la ventana de la sala. Es una vía primaria que atraviesa el barrio de occidente a oriente y termina siendo un río caudaloso de buses, automóviles, motos, bicicletas.

Las aceras son un hormiguero humano los fines de semana y aunque evitamos salir cuando hay mucha afluencia de gente, a Sebastián le gusta verlos desde su privilegiado enorme ventanal. Nuestras salidas cuando no hay tantas “hormigas” suelen ser a paso rápido y activa su instrumento sensorial más poderoso: su nariz.

A cada paso huele todo. Es como si organizara un mapa cartografiado con el GPS de su olfato. Las tiendas de zapatos, las tiendas de ropa, los restaurantes, las florerías y las inevitables pastelerías. Todas tienen un aroma único que percibe con extraordinaria potencia y que su autismo lleva a archivar para ubicarse, conectar, vivir.

Los vecinos lo conocen. Es imposible de ignorar, lo vieron crecer, lo han visto en sus mejores y peores momentos. Lo preguntan si no lo ven y lo saludan a sabiendas del abrazo y la olfateada que les dará y que ningún profesional ha podido erradicar de su etiqueta social.

Cuando la noche cae, el juego de luces laser de tiendas y bares es hipnótico para un chico sensible a esos estímulos; la discoteca a dos cuadras repica sus amplificadores y  lo que se creería podría alterarlo, resulta ser el ruido blanco que le ayuda a conciliar el sueño. Yo no soporto ese barullo. Él lo hizo parte de su entorno, tanto como para gustarle más la noche que el día para hacer sus salidas veloces.

Ahora, imaginen lo que significa para él en este momento de confinamiento el comercio cerrado, el silencio y la ausencia de ese hormiguero humano y del río de vehículos. Más cuando no fue progresivo, fue “de repente”.

Hoy, su rabieta colosal se silencia cuando entra a su cuarto y se mete a la cama.  Sabe que el motivo de esa ruptura de su cotidianidad es un “virrrus”. Los Simpsons le ayudaron a ponerlo en contexto con esos capítulos que los medios han demostrado premonitorios pero que antes que ellos mi hijo ya lo había notado.

Él no necesita permiso para salir en medio de la cuarentena por tener autismo, porque simplemente no quiere salir. Sube a la terraza dos o tres veces al día, cuida sus plantas y respira un poco. Mira por la ventana como esperando que así como todo se silenció, así mismo vuelva a SU normalidad. Con todo y su encanto por los extraños 😉

Además, es un riesgo salir, recuerden lo del olfato. No se dejará la mascarilla y se podría acercar a las personas peligrosamente. Aquí no hay riesgos calculados.

Por ahora mi estrategia se apega a la realidad. Cada noche le digo “mañana seguirá cerrado, pero pronto volverán a abrir Sebastián, cuando destruyan ese virus”.

He tenido que darle medicación para dormir y durante el día dejarlo que ponga su música repetitiva, a todo volumen. A veces suelta una frase “mañana mcDonalds,  papitas y Coca Cola” Le respondo con entusiasmo “yo quiero remojar papitas en helado de McDonalds!”  Sebas replica “y la Donna” mi respuesta se abre paso por entre ese nudo que se hace en la garganta  “Pronto Sebas!” y le doy un billete que guarda en su maleta. Así le damos forma a la esperanza.

Eso quería contarles.

No tiene que ver esencialmente con el autismo. No quise hacer un compendio de consejos. Quise mostrar lo frágiles que somos, contarles cosillas de mi hijo que lo hacen único, como a cada uno de sus pequeños. No somos perfectos, pero le echamos ganas. Ese es el plan, por ahora.

Sonríe, La vida es bella.

Imagen: Google

Salwa a sus tres años sonríe, se carcajea del mundo y sus guerras sin sentido porque así lo está aprendiendo, y quien se lo enseña es Abdullah, su padre. Cada catastrófica explosión tiene su eco en la sonrisa de una niña quien como Giddo y su hijo Giosuè en “La vida es bella”, crean un juego para soportar la más atroz de las realidades.

Dice Boris Cirulnyk en su libro sobre la resiliencia, que “si se deja a los niños solos, el recuerdo del terror los visitará cada noche… pero si el niño puede dirigir su significado, su relato sobre el montaje de alguien que ríe, se hará dueño de sus emociones y así logrará en adelante dar forma a sus imágenes…la emoción que se siente en el momento del hecho, motiva la transformación de los recuerdos”.

Abdullah sabe que hay realidades inevitables y que en medio de ellas no queda otro camino que transformar esa realidad y seguir adelante, por su hija, por su esposa, por él. Salwa no sabe del conflicto Sirio y de cuántos niños como ella han perecido en medio de este; pero recordará en unos cuantos años, el día en que su inocencia se preservó a toda costa y su infancia se llenó de carcajadas motivadas por el bang! que nadie sabe cuántas sonrisas apagó a pocos kilómetros de su casa.

Hoy quise escribir sobre esa niña enternecedora quien junto a su padre conmueve en ese relato hoy viral. Y como escribo casi siempre sobre autismo, les diré qué tiene que ver ese relato con mi hijo, con nuestros hijos.

Hace unos meses hablé con una madre de un niño con autismo, ciudadana de un país centroamericano en, por ese entonces, levantamiento armado; Ella me contaba que el miedo a los actos violentos los obligó a replegarse en su casa y su hijo entró en un estado de paranoia exacerbado por el interés restringido que adquirió: ver las noticias y hablar todo el día de guerra y masacres.

El chico al no volver a la escuela, al dejar de ver a sus amigos, a sus maestros, empezó a construir un mundo que lo atemorizaba y que se convirtió en pesadilla. Le preguntaba a su mamá con insistencia si iban a morir y la anticipación que tanto ponderamos en las técnicas de intervención se convirtió en presagio y trauma.

Una noche, en nuestra última plática, la red se silenció y no volví a saber nada de ellos.

En un mundo que se calienta climática y socialmente ¿Cómo explicarles a nuestros hijos que en ese amenazante mundo vivirán? Y lo más complicado ¿Cómo evitar pensar que no los podemos proteger 24/7 de ese incierto futuro?

Les enseñamos a vivir con su autismo, pero nos quedamos cortos al enseñarles a vivir con su autismo en un escenario tan caótico. Y es allí donde entra la resiliencia, las sonrisas en medio del BANG! de cada realidad particular.

No podemos evitar su sufrimiento, pero podemos hacerlos tan fuertes que este no se convierta en miedo que los paralice, ni en temores que los aisle. La premisa del manejo del autismo es dotarlos de herramientas para enfrentar su futuro, pero a veces se olvidan las herramientas emocionales: coraje, valentía, esperanza, resiliencia, …Fe. Abstracciones lejanas de su mente concreta.

Pero ¿Cómo enseñarles si los seres humanos no somos muros infranqueables, inconmovibles, nos aterramos como niños ante nuestra propia indefensión?  Fortaleciéndonos y empoderándonos. Porque cuando nos convertimos en padres aprendemos y construimos fortaleza, jamás somos más fuertes que cuando debemos proteger a nuestros hijos; mucho más cuando son tan vulnerables.

La sensibilidad de un niño o niña con autismo supera cualquier explicación experta, solo nuestra intuición la determina y a través de ella podemos rescatar del miedo y la incertidumbre a estos pequeños, a estos jóvenes que no tienen otro referente que el relato que nosotros les ayudemos a construir, y las sonrisas al parecer funcionan en los más duros escenarios.

Vivo en un país que ha sobrevivido la más cruda violencia, que pocas veces está en calma. Hoy por ejemplo es el cuarto día de movilizaciones y no se sabe qué sucederá a lo largo de la jornada, pero aun así Sebastián se levantó y se fue a su cole muy contento aunque yo dudara si enviarlo o no. Bendices su camino y confías.

“Si el espíritu de los padres conserva la serenidad, el niño se siente seguro en sus brazos. Pero si los padres se tambalean, el mundo del niño también se tambalea”. Boris Cyrulnik.

NIÑO CON AUTISMO HIZO DOS AMIGOS EN EL RECREO

“Se cree que hubo complicidad de la familia y una maestra en el hecho”

En hechos que aún son motivo de investigación, un niño diagnosticado con autismo, quien ingresó a la escuela de su localidad desde hacía una semana, al parecer fue interceptado por un par de pequeños que días antes se habían percatado que andaba solitario.  Uno de los implicados  llevaban en sus manos un balón extraído del salón de gimnasia y el otro una caja de jugo (no se sabe de qué sabor, pero luego de recoger las pruebas todo indicaba que era de naranja).

Testigos narran que los niños exhibieron una tierna sonrisa y le preguntaron “¿Quieres jugar con nosotros?” a lo que el niño respondió con un tímido movimiento afirmativo de su cabecita. Otros testigos más aseguran haber escuchado un intercambio de risas y reporte de identidades de cada quién: “Yo escuché cuando uno de ellos le dijo al niño nuevo que se llamaba igual que él …Gabriel” aseguró la señora de la tienda escolar.

Días después se les siguió viendo a los tres juntos en el recreo y no solo allí, las maestras reportan que la cofradía siguió en el aula de clases, donde presuntamente se convirtieron en el apoyo de su compañero en tareas y actividades.

Se están buscando los responsables del hecho, aunque se presume que la maestra de los dos niños que, para entender de los lectores llamaremos “los normales”, el año anterior les enseñó sobre respeto, aceptación, bondad y solidaridad, razones factibles de la actitud amistosa de los normales.

Otras fuentes aseguran que los padres de los niños habrían estado implicados al enseñarles en casa a cada uno de sus hijos que si encontraban a un niño solitario le conversaran o le invitaran de su merienda. Lo cierto al parecer es que el resto de sus compañeritos han imitado dichas acciones y en otros salones se ha visto el fenómeno de “ser amigos de niño diferente”.

Directivas y familias están desconcertados y a la vez orgullosos del hecho, incluso han recibido llamadas de otros centros.

Por ahora es normal ver a los tres implicados (de siete, seis y ocho años respectivamente)  jugando en el patio y riéndose juntos en el salón de clases. Las investigaciones continúan y se teme la cercanía de algo a lo que las escuelas le han rehuido: la inclusión.

Nota de último minuto: Otra investigación paralela se lleva a cabo para determinar cómo están entrando los pequeños al salón de gimnasia y han sustraído el 90% de los balones. Las cámaras arrojarán las evidencias.

 

CONTRA TODA PROBABILIDAD

Hoy me contaron dos historias. Una maravillosa y otra asombrosa. Chicos con enormes dificultades, un diagnóstico de autismo y una frase dicha por uno de ellos, pero común a ambos: “Es difícil, pero aquí estamos”.

La frase está en plural implica a otros, se siente llena de gratitud por quienes luchan junto a ellos “estamos”.

No somos islas. El planeta es una aldea gigante poco colaborativa entre sí. Pero seguimos necesitándonos, apoyándonos, pero sobre todo, entendiendo que lo que logremos es una victoria luchada conjuntamente y ellos, estos pequeños son los primeros en saberlo.

Son lecciones que encontramos en el camino… llenas de enseñanza, humildes debemos acogerlas y más cuando provienen de seres que tienen una enorme fortaleza conectada a quienes siguen creyendo en ellos contra toda probabilidad.

FRASES QUE OJALÁ ESCUCHES MUCHAS VECES EN EL 2020

Para todos mis lectores, seguidores, inspiradoras familias y personas que hacen de esta osadía de tratar de traducir el mundo de estos seres maravillosos, una aventura imposible sin ustedes … un 2020 que los trate con bondad y generosidad.

PARA LOS PADRES Y MADRES

  • El autismo es difícil pero no te vamos a dejar solo(a)
  • Bienvenido a esta escuela, haremos que su hijo se sienta acogido y feliz
  • Tengo curiosidad por todo lo que tu hijo me puede enseñar
  • Que gran trabajo has hecho como papá/mamá.
  • Tiene dificultades pero lo que importan son sus indudables capacidades
  • Es un niño más de la clase todos lo quieren y apoyan
  • Necesitas que te ayude? Solo dime y buscaré la forma de ayudarte
  • Tu hijo me tiene asombrado es maravilloso
  • Soy maestro de tu hijo y me gustaría que hiciéramos equipo.

PARA LOS MAESTROS Y TERAPEUTAS

  • Usted es el mejor maestro que pudo encontrar mi hijo
  • Mi hijo me habla mucho de usted, tenía que conocerle, gracias por conectar así con él.
  • Lo que necesite, en lo que pueda ayudarle no dude en buscarme, conozco de mi hijo cosas que le pueden ayudar.
  • No sé cómo lo logró pero ha hecho un trabajo grandioso con mi hijo
  • Usted maestro(a) motivó a mi hijo, ahora sonríe.
  • Ojalá hubiesen más maestros como usted.
  • No desista, sé que es difícil pero tiene todo para lograr grandes cosas.
  • El mundo es mejor por maestros como usted.

PARA LAS PERSONAS CON AUTISMO

  • No puedo creer que no hayan visto todo tu potencial.
  • Mereces esta oportunidad y muchas más.
  • Dime tu nombre y qué te gusta hacer.
  • Me gustaría conocer tu opinión.
  • No importa, vamos a intentarlo de nuevo a tu manera.
  • Eres capaz de muchas cosas y quizá no seas capaz de otras pero eso nos pasa a todos.
  • Bienvenido, lo que necesites y en lo que te pueda ayudar.
  • No eres raro, solo extraordinario
  • Eres único, diferente y nadie te puede juzgar por eso.

Autismo: A veces es más que paciencia.

(c)

Con el autismo se sobrevive un día a la vez. Y esto lo explica en sus palabras una madre de un precioso niño con autismo que me permite replicar su testimonio hoy en mi blog. Bienvenida Martha Ramón Soriano y gracias por permitirme compartirlo, sé que muchos nos sentiremos identificados.

“Nuestro día a día es igual pero diferente, nunca sé como despertará, cualquier pequeño detalle lo puede alterar (una etiqueta de alguna camiseta que se me olvidó sacar,un cambio de sabor de sus papilas gustativas y lo que ayer le gustaba para desayunar hoy ya no, un percance con los gallumbitos, un olor que él nota y yo no, el desorden, un ruido, las luces).

Aquí la menda se pone el despertador antes, dos horas, para que me dé tiempo de correr a lo Forrest Gump y dejarme la casa limpita y evitar ninguna sobrecarga sensorial. Y a todo esto añadimos el vestirlo, ayudar donde no pueda, entre otras cosas; o cuando no quiere ir a la escuela, aquí como no sabe gestionar lo que le pasa su frustración hace que llore y acaba en crisis y no puede ir. Esto antes de las 9 de la mañana y para luego tener que escuchar la palabra PACIENCIA!

Sólo los padres de niños con diversidad funcional sabemos lo que es esto y no es cuestión de paciencia, estamos agotados emocionalmente y no es una cosa puntual son los 365 días al año y varias veces al día. La paciencia nos sobra con nuestros hijos, un poco de empatía, pero no con los que no entienden o no quieren entender y encima molestan en vez de ayudar parecen gilipollas!”