Inclusión Educativa: Si, pero ya no.

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Soy madre de un hijo miembro de la generación del diagnóstico tardío.  Por largos años fluctué entre la incertidumbre y la frustración.  Pero una luz siempre alumbraba,  esperanzadora,  posible: la inclusión educativa.  Sebastián entró a un aula de clases a los cuatro años.  Su inclusión tuvo periodos críticos así como también periodos de avance sobre todo en lo social y comunicativo.  Nada era perfecto,  pero era el camino que sentía correcto y mi hijo lo ratificaba.  Disfrutaba la escuela.

Luego de siete años de esta interesante y fructífera aventura surge la  sentencia: “su hijo ya no puede estar incluido”… por la edad, por su autismo, por exigencia de otros padres, por que no y ya! paradójicamente sus compañeros de salón lloraron al verlo salir. Y en un país donde las leyes y los tratados internacionales que garantizan derechos no valen para todos esa lucha jurídica nos hizo más daño aún.

La casa lo estaba enloqueciendo,  sus conductas para ese entonces ya con catorce años nos sobrepasaban e influían negativamente en las valoraciones escolares, la interrupción del proceso marcó su comportamiento (se incrementaron las rabietas,  las estereotipias, etc.).  

Es que si hay un ingrediente fundamental en la inclusión es la continuidad del proceso y llevábamos dos años sin escolarización que no reemplazaban ni la equinoterapia,  ni las clases de natación,  ni las de lúdica que de nuestro bolsillo se pagaban. Necesitaba una rutina escolar adaptada a sus necesidades. Tras golpear puertas en todos los colegios que se cerraban al escuchar “autismo”, una institución especializada comenzaba a verse como una urgente opción.

Hoy tiene dieciséis años, edad límite para la inclusión educativa en Colombia,  o por lo menos eso es lo que dice el funcionario tras el vidrio (aproximadamente a los doce años ya no son sujetos del proceso).  Como no lo puedo dejar en casa bajo el modelo homeschooling pues adora estar rodeado de personas e interactuar con los que llama AMIGOS,  el único camino fue la institución exclusiva,  que como su nombre lo dice exclusivamente atiende personas en condición de discapacidad,  o sea,  inclusión cero.

Algunos dirán “no intentó lo suficiente”.  Otros dirán ” luchaba contra la realidad de una discapacidad”. Lo cierto es que a estas alturas y debido a esa falta de continuidad y de accesabilidad, todo parece indicar que la inclusión educativa fue una época y el hoy nos coloca frente a otro escenario esperanzador de  inclusión que espero no tenga tantas excusas ni obstáculos:  la inclusión social. Y no hablo de aquella que se hace interactuando con neurotípicos cada mes en situaciones de intercambio o la de llevarlo entre multitudes para practicar ocasionalmente terapia de exposición (créanme esto me lo sugirió una psicóloga hace años). La inclusión social abarca talleres de trabajo, clubes deportivos, actividades sociales y extensión educativa (imprescindible, se puede estudiar tooooda la vida), entre otras actividades. 

Si.  nos queda ese camino,  que en realidad siempre lo hemos estado recorriendo,  porque como comento es un chico muy social. Aprende muy pronto a ganarse el corazón de quienes lo conocen, Maneja la frustración quizá mejor que yo y es un curioso nada temeroso excepto a la soledad y a uno que otro gato.  Es hora de buscar esos espacios de interacción social,  aunque  he tratado de que disponga de ellos desde pequeño. Afortunadamente para esta inclusión no hay limitaciones de edad o por lo menos no la han inventado aún.

Todo esto para decirle a los padres sí pueden acceder a la inclusión educativa -de la mejor manera para su hijo desde luego-  háganlo,  luchen ese derecho y su continuidad.  No escuchen ni al psiquiatra que asegura que el autismo no se educa,  ni al colegio excusándose mientras cierra la puerta, ni a aquellos murmurando que nunca ese padre superó el duelo y que para esos niños existen lugares especiales. La educación es un derecho que no se segrega.

Con la voluntad,  sin prejuicios,  sin crueles límites de edad es posible acceder a una experiencia totalmente valiosa para las personas con diversidad funcional,  sus familias y hasta beneficiosa para una sociedad repleta de “normales” apáticos o reaccionarios a la diferencia. Una inclusión bien hecha que sobrepase los muros de la escuela y sobre todo buscando que ese alumno especial se sienta feliz del proceso,  donde finalmente sean nuestros hijos quienes tengan la última palabra.

2 pensamientos en “Inclusión Educativa: Si, pero ya no.

  1. Hola, me dolió tanto leer lo que escribes porque estoy pasando por una situación igual. Mi hijo fue diagnosticado con tgd no especificado sin embargo la recomendación médica es que lo colocara en un jardín normal. El año pasado estuvo en un jardín donde nunca fue discriminado a pesar de que no eran esos llamados “con inclusión” desafortunadamente el jardín cerro y tuve que ingresarlo a un colegio donde me están poniendo problema por su condición. y la verdad no entiendo, el no agrede a nadie y ellos dicen que no va a aprender nada ahí pero llega a casa cantando canciones que yo lo le he enseñado lo que significa que si aprende aunque no vaya al ritmo de los demás. Me duele tanto que sin haber cumplido los 4 años ya tenga que verse sometido a la discriminación de una sociedad que no entiende que su condición lo lo hace una persona inútil. ellos dicen que no son un colegio con inclusión y que no lo pueden ayudar y yo me pregunto ¿será que lo ayudan mas cerrándole las puertas? en fin, en ese proceso estoy pero es muy duro, cada día saco fuerzas por el y por demostrarle a todo el mundo que es tan inteligente cómo cualquier otra persona.

    • Andrea Bienvenida, Me alegra escucharte tan positiva con tu hijo y así debe ser siempre. Te aconsejo desde mi experiencia personal: El tiempo con ellos es oro y si un colegio no lo quiere tener sea por la excusa que sea (que no existe una valedera), busca otro sitio rápido. Por qué, porque generalmente estas instituciones una vez te dicen que tu hijo no va a aprender quiere decir que ya no lo intentarán más y quedará relegado sin un apoyo en una edad tan importante como la de tu nene. Eso sí, desde el principio cuando conozcas el nuevo sitio pregunta cuáles serán los objetivos con tu hijo y cómo será el seguimiento. Colegio que te diga con renuencia que no te prometen mucho no sirve! Tu hijo muestra una inteligencia y una hibilidad de aprendizaje que hay que aprovechar. Siempre inclusión Andrea. Me vas contando cómo te va. Un abrazo y todo el ánimo.

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