Escalando el Everest.

The Everest massif from Camp I on Pumori, 5900 meters, Khumu Himal.

Esta es la entrada 200. Cuando pensé alguna vez en un blog me imaginé uno cuya temática fuesen los viajes y no me equivoqué porque para mi este es tremendo viaje.  Mi fascinación ha sido uno de los puntos más altos de la tierra,  el monte Everest y esta travesía es eso justamente,  escalar el Everest.

Todo se reduce a perseverancia, constancia,  valentía,  autoconfianza y trabajo en equipo. No importa el terreno,  importan las herramientas y como dice un expedicionario de esos que ya saben qué es plantar bandera en la cima “si pierdes de vista la meta, seguro sentirás solamente el agotamiento”

Sabes que el Everest intimida pero el miedo no te puede ganar.  Es igual con nuestros hijos.  Un día descubrimos el autismo en nuestras vidas y la mayoría te dirán que el camino es difícil y que ni siquiera lo intentes.  Pero tu hij@ cuenta contigo en su equipo,  tu lideras el ascenso.  Ahí aparecen la autoconfianza y la valentía,  no te las sabes todas pero investigarás. Si conoces a lo que te enfrentas será mucho menos incierto el trayecto y sabrás qué hacer cuando te toque, por ejemplo, una enorme pared de hielo que en nuestro caso sería una conducta,  una rabieta o la que enfrento particularmente en este momento con mi hijo: su tránsito por la adolescencia. Para eso son los cursos de escalada y yo voy a los que pueda porque se aprende en todos.

El ascenso viene con diferentes campamentos,  no subes a semejante montaña de un jalón.  Descansas, tomas fuerzas y lo mejor conoces otros escaladores que te compartirán sus secretos,  te cuentan sus experiencias y no dudan en mostrarte emocionados sus logros,  esos por los que vas. Cada campamento al que llegas,  cada meta lograda te inyecta más ánimo de avanzar hasta la siguiente. En nuestro caso, con nuestros hijos dividir en pequeñas grandes metas es garantizar conseguirlas. Y algo importante,  es bueno disfrutar del ascenso,  detenerse y contemplar el paisaje.

Pero aunque seas líder de ese ascenso siempre es bueno contar con los sherpas,  esos hombres experimentados conocedores de la montaña y te dirán qué llevar en tu equipaje, qué dejar,  dónde no pisar, el camino propicio para avanzar. Nuestros sherpas son los profesionales (terapéutas,  maestros, médicos,  y por qué no familia.) pero encontrar al mejor no siempre es fácil,  por eso prefiero a los sherpas que me dan ánimo y toman de la mano a mi hijo cuando ven que mis energías se reducen. Si encuentras uno así… no lo dejes jamás.

Ahora la tecnología nos da más herramientas y más conocimiento sobre el “terreno” pero no deja de ser todo un reto.  No hago la analogía del Everest por la dificultad que lo caracteriza,  sino por la fortaleza que implica.  Ascenderemos cuesta arriba incontables veces de la mano de nuestros hijos,  porque son ellos quienes nos ayudan a descubrir el valiente escalador que todos llevamos dentro y juntos colocaremos muchas banderas donde nadie las creyó posibles.

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