La inclusión que no le huye a las diferencias

En un momento donde en Colombia se debate sobre la nueva ley de educación superior,  tema que invade las noticias en no poca desventaja con las próximas elecciones,  encontré un titular que abre este post muy esperanzador y que comparto hoy con ustedes.

Modelo incluyente promueve la integración de niños con problemas físicos, cognitivos o sociales.

Si hay algo que entorpece el proceso de formación de niños con discapacidad es el hecho de que instituciones de educación formal les cierren las puertas con el argumento de que no saben cómo manejar estos casos.

En respuesta a este fenómeno han surgido corrientes como la educación inclusiva, que parte del principio de que si bien los problemas físicos, cognitivos o sociales de los niños requieren un manejo especial, no deben ser tratados como una anomalía.

En este orden de ideas, los niños con esta clase de dificultades deben integrarse al aula regular, bajo un modelo pedagógico diseñado para atender esas diferencias.

La educación inclusiva busca reconocer la diversidad de niños y adolescentes, no solo en situación de discapacidad, también los afectados por condiciones sociales, como el desplazamiento“, explica Diana Patricia Martínez, consultora dela Fundación Saldarriaga Concha en temas de educación.

Pese a los avances normativos en la materia, estos niños, coinciden expertos, todavía son excluidos en las aulas. El papel del maestro en ese proceso es fundamental.

“Aun cuando los niños se ayudan naturalmente unos a otros, yo no estaba preparada para enseñar a niños con discapacidad”, reconoce María Corredor, docente de tercero de primaria del Instituto Distrital Ramón de Zubiría, un colegio distrital que hace educación inclusiva desde el 2009. Ella motiva a sus alumnos aventajados a enseñarles a los rezagados.

Mariela Cuervo, mamá de una niña con discapacidad cognitiva leve que cursa quinto de primaria en un aula regular de este centro educativo, cuenta que no tenía claro en qué consistía la discapacidad: “Cuando me lo explicaron, entendí qué le pasaba a mi hija Mónica y cómo podía ayudarla; antes de eso, yo la forzaba mucho“.

Ochenta y siete de los alumnos que estudian en este plantel tienen un diagnóstico similar al de Mónica, y otros 300 presentan necesidades educativas especiales.

No es la única institución educativa interesada en este modelo. El Liceo Val, por ejemplo, lleva 16 años trabajando con la inclusión de estos pequeños en el espacio escolar. El primer caso fue el de una niña con síndrome de Down. El colegio capacitó a docentes, directivos y funcionarios en la enseñanza y manejo de niños con discapacidad.

Todos están en el mismo salón, pero aprenden a ritmos diferentes y de modos distintos. Cada grupo cuenta con no más de 20 alumnos. “Un niño puede tardar seis, diez o quince meses en pasar de curso. A eso le llamamos promoción flexible”, explica Esperanza Morales, rectora de la institución.

Ningún niño pierde el año, pues cuentan con apoyos pedagógicos, terapéuticos y tecnológicos especiales.

Vale decir que el modelo de educación inclusiva requiere para su desarrollo del concurso de educadores especiales y profesionales especializados -que brindan apoyo a los estudiantes, de acuerdo con sus necesidades-, estrategias pedagógicas, currículo flexible y materiales adaptados.

Historiador que da ejemplo

Diego Rozo, ex alumno del Liceo Val, sufre el síndrome de Martin Bell, una alteración genética que cursa con retraso mental, y a los 20 años culminó sus estudios. Asistió a los cursos libres de Historia enla Universidad Nacional.

Pese a su condición, se graduó como historiador enla Pontificia UniversidadJaveriana. Hoy trabaja con la comunidad salesiana.

Consejos para padres

Estas son algunas recomendaciones dela Fundación SaldarriagaConcha para los papás de niños con discapacidad:

* Vea a sus hijos como niños, en lugar de definirlos a partir de la limitación o la condición que tienen.

* Bríndeles el mismo trato que a los otros menores de la familia.

* Cuando piense en su educación, opte por instituciones regulares, en las que puedan integrarse socialmente, crecer y aprender a un ritmo normal.

* Busque el apoyo de otras familias en las mismas circunstancias y la asesoría de un profesional, que le pueda ayudar a entender la condición y le aporte pautas de manejo.

Artículo original: ELTIEMPO.COM/VIDADEHOY/EDUCACION

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