INCLUSIÓN: EN ESTA ESCUELA TODOS SOMOS MAESTROS

 

Esperaba a la maestra en la puerta del salón mientras atendía un requerimiento de la directora, en esas observaba a mi hijo entre sus compañeritos sin que él lo supiera. Cuando empezaron a subir los decibeles de los gritos  y la algarabía de los chicos presentí que podía alterarse.
En efecto, en unos pocos minutos ya estaba mordiendo su mano y haciendo ese ruido gutural que anticipa la tormenta. Cuando me disponía a intervenir aparece una pequeña y alza su voz “ya cállense que lo están asustando!!” todos hicieron silencio y ella lo rodeo conmovedoramente con sus brazos para sacarlo del salón.
Quería ver cómo terminaba ese momento y me escondí tras el muro. La niña  lo llevó al aula de música y segundos después aparecieron dos compañeritos más para confirmar que Sebastián estuviera bien y lograron lo que seguramente yo no habría podido, evitar que Sebastián pasara un mal momento.
Durante todo ese suceso contuve la respiración y luego exhalé en inevitables lágrimas.
La llamamos inclusión y la complicamos demasiado. Creemos que la escuela aún no está preparada, pero la vemos así porque desconocemos situaciones como esta que narro y que suceden todo el tiempo, en muchos lugares del mundo.
Vemos la inclusión como una utopía que otros deberían emprender. Creemos que se trata de métodos, estrategias, técnicas y al final esencialmente es CONVIVENCIA. La escuela es una comunidad, una enorme comunidad donde los valores y la empatía cobran una importancia vital cuando se trata de niños en crecimiento y formación.
La inclusión se trata de seres humanos trabajando aunadamente para que todos tengan la oportunidad de aprender y tener un proyecto de vida sin importar si tienen o no una condición. Por ello, lo primero es dejar fuera la historia clínica del aula de clase, la escuela no debe catalogar y clasificar, pero aun así “incluimos” niños con una enorme etiqueta pegada a su espalda: Autista, TDAH, Retardo Madurativo, Posiblemente diagnosticable.
¿QUÉ SE NECESITA PARA HACER UNA AULA INCLUSIVA?
VOLUNTAD. Querer es poder. Suena fácil, no tanto (lo sé). Pero cuando quieres que un alumno aprenda sin importar sus dificultades se necesita de esa voluntad desafiando los retos ya sea que lo logres ahora o más adelante.
ACOMPAÑAMIENTO. Un maestro solo en el aula enfrentando niños típicos y diversos en realidad es ser desconsiderados. Todos los maestros que tengan esa labor deben tener acompañamiento, guía y apoyo, no solo como maestro sino como ser humano. Bien se dice que para educar a un niño se necesita una aldea.
IMPLICACIÓN. De todos. Familia y directivas. Y por qué no, de la parte terapéutica, esa que queremos mantener lejos de la escuela cuando en unos minutos podría darle estrategias muy útiles para lograr aquello aparentemente imposible.
PACIENCIA. Educar a alumnos diversos requiere una paciencia infinita, los resultados pueden verse en el mismo instante o tener que esperar. Un maestro puede tener un día donde todo se junta y no encontrar estrategias de afrontamiento (son seres humanos)… respirar… paciencia.
INTUICIÓN. Por más teoría que se lea, por más formación que se tenga, la intuición es una aliada imprescindible. Los chicos neurodiversos desafían cualquier concepto, cualquier plan. Es allí donde la intuición aparece para decirnos desde el corazón qué funcionará y qué no.
RECURSIVIDAD. Los maestros que trabajan con alumnos diversos tienen una creatividad y recursividad que difícilmente lograran otros maestros. Recuerdo a la maestra de mi hijo que no tenía mucho conocimiento de percepción sensorial en los TEA y se ingenió cualquier cantidad de elementos sonoros, olfativos, visuales… Recursividad en acción.
HUMILDAD Y HONESTIDAD ¿Para qué? Para compartir experiencias. Para decirles a otros maestros cómo lo están logrando o para pedir ayuda cuando lo necesitan, con humildad, sin miedo. Humildad para establecer puentes con las familias y ellas también desde su humildad reconocer la labor del maestro y aportar, construir juntos.
RIESGO. Ser maestro es una profesión de riesgos. Maestro que no desafía lo establecido no conocerá jamás qué es la inclusión. Ese maestro se sale del método, del currículo y se reinventa.
AMOR Y VOCACIÓN. Lo desconocido nos asusta. Lo diferente nos intimida, nos cuestiona. Pero la mayoría de docentes tienen algo llamado vocación y es eso que los lleva a ver a ese pequeño como un alumno más que quién sabe cuántos rechazos cargará a cuestas. Entra el amor en escena… aman su esfuerzo, aman su inocencia, aman su valentía, aman ser maestros de oportunidades.
Esa pequeña que ayudó a mi hijo no vio AUTISMO, ella no pensó “oh! Sebastián va a tener una sobrecarga sensorial, le ayudaré a reducir en imput para que no entre en una crisis! …Para nada! Esa pequeña y sus compañeros fueron empáticos. Ellos no entienden, ni necesitan entender sobre inclusión, adaptaciones, modelos curriculares. Ellos, junto con su maestra naturalizaron la diferencia y la convirtieron en un modelo de vida que RESPETARÁN siempre. Eso es inclusión practicada por expertos de siete, ocho años.
Cuando la maestra retornó al salón intuyó que algo había sucedido. Me comentó que cuando Sebastián hizo parte de su clase implicó a sus compañeritos, porque en palabras de ella “en esta escuela todos somos maestros”.
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LAS FORTUNAS QUE ME HAN PRODUCIDO LOS CONGRESOS DE AUTISMO.

Hace unos años escribí acerca de aquellos padres y profesionales que en su interés por informar, concienciar y ser apoyo de tantas familias que transitaban sin mapa y a pura intuición, sacrificaban tiempo personal, familiar y profesional, la mayoría de veces sin compensación económica a voluntad, porque amaban lo que hacían…aman lo que hacen y saben el impacto de su desinteresada labor.

Y justo por ese lado es por donde algunos —que no muchos por fortuna —atacan señalando los millones que deben embolsillarse… en fin. Uno de esos profesionales y padres entregados a la divulgación y al generoso oficio de educar es El Dr. Carlos Orellana, quien explica desde su realidad lo que viven aquellos arriesgados aventureros que buscan hacer este mundo algo mejor para las personas con autismo y sus familias. Así, bien clarito en sus palabras a través de este texto que muy amablemente me permitió compartir con ustedes.

LAS FORTUNAS QUE ME HAN PRODUCIDO LOS CONGRESOS DE AUTISMO.

Por: Carlos E Orellana – Neuropediatra, Maestro, Conferencista, Padre de una preciosa niña con autismo.

Volvía ayer del congreso de Autismo en Monterrey. Para llegar allá recibí una invitación con muchos meses de anticipación, me entusiasmé mucho con esa posibilidad y comencé a enviar lo que me solicitaban. He de confesar que me apoyaron mucho recordándomelo para enviarlo porque se me olvidaba.
Y luego la gestión del visado porque a nosotros los guatemaltecos nos piden visa para ir a México. Me rechazaron la primera vez y casi desisto, pero tenía muchas ganas de estar en el congreso. Salí desanimado de la embajada y bastante molesto. Llegué a casa, hice la nueva cita y me preparé para ir de nuevo y resulta que me dijeron otra vez que no. Entonces si que hice la pataleta frente al encargado, algo que nunca debe hacerse cuando uno está en una gestión de ese tipo, pero esta vez funcionó y me envió a buscar otro papel, pero me dio solamente 40 minutos para traerlo, algo que el consideró imposible… Lamentablemente él no sabía con quien se metía, mi título nobiliario es “hijo de Dios”. Así que en 20 minutos estaba de vuelta y diez minutos después salía con mi trámite terminado.

Así que a cancelar días de trabajo para cumplir con el compromiso de ir a Monterrey. Le informé a los organizadores y en corto tiempo (ese mismo día en pocas horas) me enviaron el boleto de avión. El costo económico de dejar el trabajo es alto, más la sobrecarga que significa, en mi caso nadie paga por escucharme, así que los congresos significan, en buena medida, una importante pérdida económica.

Y así llegué a Monterrey, salí de mi casa a las 6:15 de la mañana y llegué a las 20:30. Agotado porque esto de aeropuertos y aviones no son mi fuerte, menos las pasadas por aduana en donde siempre hay algún problema, a veces la computadora portátil o mi cámara fotográfica, otras veces porque olvido sacar el sacapuntas que siempre llevo en uno de los bolsillos (maestro las 24 horas del día), etc.

De la noche del martes a la noche del sábado dormí no más de cuatro horas, casi 3 1/2 en promedio… ¿Haciendo qué?
Revisando documentos de apoyo a las charlas y talleres, modificando diapositivas, haciendo cambios de acuerdo a mis conversaciones con los locales (hay que hablar de lo que quieren escuchar), etc.

Y comida de avión… De la peor que existe. Claro, no viajo en primera clase, viajo en clase turista, de esa en donde apenas cabes en los espacios si mides más de 1.70 metros. Y si es casi 1.80 como en mi caso, te toca acomodarte como se pueda (la verdad es que no se puede). Las lesiones de la columna vertebral de este año contribuyeron un tanto al incómodo viaje de ida y al incómodo viaje de vuelta.
El resto de los tiempos de comida: comida de hotel que aunque sea deliciosa, siempre termina haciendo estragos en mi aparato digestivo que sumado al estrés que me provoca hablar en público, hacen de mi barriga un concierto de tripas, tocado en la-nauseol y mi-diarrea-sostenido. Perdón por ser tan descriptivo.

El hotel… Lindo, pues la verdad es que a mi me parece lindo todo en tanto me den una cama y una ducha. Yo no nací en cuna de oro. Eso si, nací en cuna digna y honrada.

¿Y entonces a qué fui?
Fui a cobrar una jugosa fortuna, ese ingreso tremendo que me produce el autismo:
– La fortuna de encontrarme con la neurotribu (era mi prioridad)
– La fortuna de poder participar 4 veces en este congreso y saber que fui el ponente con más participaciones
– La fortuna de recibir el cariño de tanta gente
– La Fortuna de ver que escuchaban el mensaje de un neurólogo pediatra que también vive las angustias y preocupaciones de ser un padre del autismo
– La fortuna de escuchar un aplauso de agradecimiento
– La fortuna de aprender de quienes llegaron a escucharme porque sus comentarios y preguntas me enriquecieron
– La fortuna de muchos abrazos
– La fortuna de gente que me pedía tomarse una fotografía conmigo para guardar el recuerdo, yo sé que me llevaron en sus fotografías pero muchos también en su corazón así como yo los llevo

Así que queridos amigos: DE MÉXICO VOLVÍ MILLONARIO DE AMOR. Esas son las fortunas que a mi me produce al autismo. Y si que las gano a montones, se me llenan los bolsillos, cargo la maleta y la mochila con todo ese capital de cariño con el que vuelvo a mi país.

Así, al volver a casa, puedo pagar a mi familia el precio de quedarse sin mi por tantos días, de ver cómo se mueven, quien viene a traerles o dejarles… Porque ellos también pagan un precio muy grande para que yo pueda ir a contar historias a otros. Pero lo hacemos con una sonrisa, algo de bien se siembra y tarde o temprano vendrá la cosecha.

¿He hecho fortunas con el autismo? Claro que si, el autismo me ha hecho un Afortunado.

Hay gente que piensa que hacemos dinero hablando de autismo.