DESCONEXIÓN DEL SISTEMA SENSORIAL EN PERSONAS AUTISTAS.

Muchos niños con autismo parecen tener sordera, ya que a veces no reaccionan ante los sonidos. Sin embargo, su audición puede ser más aguda que la de los niños normales y han aprendido a DESCONECTARSE cuando sienten que hay una sobrecarga de su sistema sensorial. Aprenden a evitar el abrumador bombardeo sensorial desde que son muy pequeños.

La desconexión del sistema sensorial puede considerarse como una adaptación involuntaria, una compensación para evitar estímulos que incluso pueden ser dolorosos. Esa compensación recae en los otros sistemas que apoyan al que queda desconectado. Por ejemplo, desconectan la audición y se activan el sistema visual para ser el que reciba la mayor cantidad de información del entorno.

Donna Williams definió tres formas de desconexión. (Atentos porque ella era una persona con autismo y es un testimonio tan fiable como cualquiera de origen científico)

1. DESCONEXIÓN DE PROCESAMIENTO SIMULTÁNEO. Puede procesar, por ejemplo, la información que entra, pero no puede expresar lo que ha entendido. Temple Grandin lo llama “Todo para uno mismo, nada para los demás”.

2. DESCONEXIÓN TEMPORAL DE LOS SISTEMAS SENSORIALES. Desconecta temporalmente algunos canales y deja solo algunos para no sobrecargar todos los sistemas al mismo tiempo. Pueden verse afectados la propiocepción, tacto, gusto, olfato, visión o audición. La desconexión parcial desactiva por un momento el sistema sobrecargado para volverlo a activar cuando cesa el estímulo. Por eso se habla de sistema sensorial fluctuante (Williams 1994). Puede también ser prolongada, perdurando semanas, meses y hasta años.

3. DESCONEXIÓN PARA MANTENER PROCESAMIENTO INCONSCIENTE. Su sistema sensorial se desactiva para llegar a recibir la sobrecarga sensorial y mantenerlo de forma inconsciente, es decir, personas que sentían aversión a ciertos sonidos, de repente pueden tolerarlos como si no estuvieran sucediendo.

Temple Grandin sostiene que la posibilidad de un daño secundario del sistema nervioso debido a la restricción de una entrada sensorial por mucho tiempo origina que el SNC (Sistema nervioso central) se vuelva demasiado sensible y tenga consecuencias a largo plazo. Es por eso que la intervención temprana encaminada a regular la forma como el niño autista procesa los estímulos sensoriales es vital.

Esta es una de las razones para tomar en serio el autismo y no verlo solamente como una “forma de ser”.

Cómo se manifiesta

  • Parece no tener conciencia de su entorno.
  • Percibe información que otras personas normotípicas.
  • No reacciona a estímulos sensoriales táctiles, sonoros o gustativos u otros.
  • Permanece estático en una sola posición corporal, sobre todo cuando se debe concentrar en una tarea.
  • Se altera o desorienta en lugares con mucha luz o mucho ruido.
  • Se balancea inconscientemente mientras realiza alguna actividad.

Qué se puede hacer

El objetivo de la terapia de integración sensorial es justo facilitar el desarrollo de la capacidad del sistema nervioso para procesar la entrada sensorial de una manera modulada. Se pueden estimular todos los sentidos (visión, tacto, audición, olfato, gusto, propiocepción y vestibular) de una manera conjunta, en vez de centrarse en un solo canal.

Estaría también la desensibilización, algo que busca proporcionar mayor tolerancia a los estímulos que el sistema considera aversivos. Previamente se analiza a través de juegos y ejercicios el umbral de tolerancia del niño. Se incorporan luego, actividades significativas que proporcionen respuestas adaptativas.

El programa de integración sensorial sucede previo al análisis en cuanto a salud de la persona con autismo. No se puede abordar un programa sin haber descartado molestias de tipo auditivo, visual o táctil, por ejemplo. Es de suma importancia, determinar los detonantes de esas desconexiones sensoriales.

Posteriormente se hace un programa muy específico para cada persona. Y algo que considero importante es verificar los avances y retrocesos, además de confirmar cómo se está sintiendo la persona con ese tiepo de programa. Nunca se fuerza a hacer algo, ni se somete a estímulos que pueden resultar incómodos y molestos.

La intervención sensorial es una de las más delicadas y prolongadas que pueden tener las personas con autismo. Un terapeuta que no sea paciente a la espera de los resultados puede llevar a un retroceso difícil de superar. Por eso, quienes imparten la integración sensorial deben ser personas capacitadas, éticas y con una alta capacidad de observación.

En casa como padres o en la escuela que es uno de los lugares más agresivos sensorialmente hablando, se pueden implementar actividades enlazadas con su cotidianidad:

  • Música rítmica, suave y melódica.
  • Luz natural y evitar lámparas que estén dañadas o luces direccionales.
  • Permitir que el niño consuma los alimentos que le son cómodos e introducir nuevos sabores siempre de la mano con los ya conocidos.
  • Buscar espacios naturales como bosques, parques y lugares donde pueda escuchar pájaros o tocar árboles.
  • Hacer un uso propositivo de los elementos de los parques como los deslizaderos o columpios.
  • Dar espacios donde pueda regularse lejos de los estímulos.
  • Enseñarle a manifestar incomodidad ante un estímulo y, lo más importante,
  • JAMÁS! obligarlo a experimentar un estímulo para que le «pierda el miedo», eso en una persona con autismo es cercano a la tortura.

Seamos observadores, consecuentes, amables, cuidadosos al momento de intervenir la parte sensorial de una persona con autismo. Evitemos los consejos de algunos terapeutas que consideran la exposición intensiva como un método de tratamiento. Incluso Jean Ayres aconsejó trabajar máximo con tres sentidos principales. Seamos considerados con un sistema sensorial que se aleja de la teoría y que requiere observación y cuidado.

Fuente: Percepción sensorial en el autismo, Olga Bogdashina.

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Un comentario en “DESCONEXIÓN DEL SISTEMA SENSORIAL EN PERSONAS AUTISTAS.

  1. F e r m i n Romero de Torres

    Miro a mi perro.
    A veces, cuando me quedo estático, casi sin parpadear y en ocasiones con la mente «en blanco», pienso que soy como mi perro. Un animal que reacciona a estímulos sin pensamiento lógico.

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