DISMORFIA DE PRODUCTIVIDAD EN MADRES Y PADRES DE PERSONAS AUTISTAS

La gran mayoría de las madres y padres de personas autistas hemos llegado al límite del agotamiento físico y mental tras enfrentar junto a nuestros hijos una condición tan demandante. Sobre nuestros hombros llevamos una responsabilidad superior a la que llevarían quienes tienen hijos normotípicos.

Las personas con autismo tienen muchos flancos que cubrir: la parte de salud, el entorno familiar, el escolar, el terapéutico, sin olvidar el tiempo libre que parece no estar exento del autismo por ningún lado. Se tramita una agenda extenuante con el único objetivo de lograr avances, obtener acceso a la intervención y asegurar un cupo escolar, si se tuvimos la fortuna de conseguirlo.

Se creería que luego de todo ese ajetreo uno va a la cama con una sonrisa de satisfacción por el deber cumplido. ¡Para nada! Somos jueces implacables y nos autoevaluamos con poca compasión. Sentimos que no se hizo lo suficiente y que mañana hay que dar todavía más, como si esto fuera una carrera o tuviéramos que cumplir unas exigencias que superan nuestra naturaleza humana.

Nada es suficiente. Medimos los éxitos no solo por el tic tac del reloj, sino por los referentes de otros padres que han logrado, quién sabe cómo rayos, que su hijo autista hable, cante y escriba, mientras nosotros intentamos que no siga usando la misma chaqueta o que duerma más de las cuatro horas o que avance en las terapias de lenguaje.

Sentimos que, si no logramos que supere dificultades a toda costa, estamos fallando como madres o padres. Imaginamos futuros tenebrosos, la incertidumbre nos respira en la nuca y cada avance nos parece maravilloso, pero no hay tiempo de celebrar, hay que ir por el siguiente.

Todo esto requiere una cuota de energía física y mental que dejaría sorprendido hasta al hombre más ocupado del mundo, aquél que dijo “ponte la camiseta y trabaja hasta que caigas” Mark Zuckemberg. Y es que literal, caemos de físico cansancio y aun así seguimos en nuestra mente buscando… aquello que falta.

En el mundo laboral y profesional a ese estado de insatisfacción y autopercepción de incompetencia se le llama dismorfia de productividad. Trabajadores insatisfechos con lo que hacen. Sienten que, aunque tengan un muy buen rendimiento y unos óptimos resultados, no son lo suficientemente buenos. Algo así nos sucede y no se trata de perfección, se trata de un nivel de autoexigencia que nos desgasta poco a poco.

Las cosas serían diferentes si matizáramos esas jornadas con esos pequeños avances producto de esfuerzos que han llevado mucho tiempo. Esas cosas que resultan haciendo nuestros hijos sin que siga un cronograma de progresos: como encontrarlos sirviendo su cereal, pasando el trapeador por el pasillo o doblando su ropa.

Desde luego que hay un trabajo detrás de todas esas iniciativas de nuestros chicos y solo por eso deberíamos sentir que es fruto del esfuerzo y merece un aplauso para el chico y uno para nosotros.

Pero lo más importante es saborear esos momentos. Detenerse y observar. Parar para valorar ese sutil avance y verlo con la real magnitud de un proceso y un bello resultado. Declarar sin miedo “lo que hago es suficiente” y, sobre todo, evitar esa imposición social que nos exige ser perfectos e inalterables, exitosos padres y madres que no fallan una, reconociendo que somos aprendices y que a veces lo único que nos salva de esa colosal exigencia es improvisar.

Yo tenía un cartel que decía más o menos así: “con el autismo no hay que tener un plan B, hay que tener un plan C, D y todo el abecedario”. Eran épocas donde la filosofía de “si yo pude tú también” o “tú hijo no tiene límites” hacía que cualquier propósito se convirtiera en un reto público, que para lograr un avance había que desgarrarse el alma.

Nuestros hijos crecen y miramos prioridades. Pero a veces dentro de esa lista nos descartamos y resulta que quemarse en la primera etapa del recorrido no es lo que queremos. El camino es largo y cuesta arriba. Guardemos energía para una adolescencia llena de nuevos descubrimientos y una edad adulta que nos resolverá muchas dudas. Seamos compasivos, agradecidos, generosos con nosotros mismos. Lo estamos haciendo bien.

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4 comentarios en “DISMORFIA DE PRODUCTIVIDAD EN MADRES Y PADRES DE PERSONAS AUTISTAS

  1. Carmen

    Gracias por tus palabras que para mi percibo como palabras de aliento. Hay días en que así percibo los logros de mi tesoro, agradezco su férreo tesón y celebro mi participación de ellos, pero hay otros en que el implacable juez que llevo dentro no me permite hacerlo así. Guardaré tus palabras para esos momentos. Un abrazo. 😌

  2. sanchezsorimariadelosangelesgmailcom

    Gracias son tantas las presiones, los desasosiegos e incomprensiones, que no me llegan particularmente de mi familiar con autismo sino del medio, que tu mensaje es un verdadero aliento, te reitero las gracias.

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