El autismo te hace forastero de tu propio territorio

Las personas con autismo a lo largo de su vida se encuentran con escenarios que los hacen sentir extranjeros en su propio territorio. Reconocer las reglas sociales, las formas de comunicación, lo que se espera de ellos, es algo que no se mantiene estático sino que eventualmente o de repente cambia para introducir caos en su rutina.

El mundo no es predecible, eso lo sabemos todos, pero por lo menos debería haber cierta empatía que ayudara a hacer mucho más llevadero su día a día. Pero para eso necesitamos ponernos en sus zapatos, saber lo que se siente ser forastero. Para ello, querido lector, le invito a leer la analogía que viene a continuación. Desconozco su autoría, pero me pareció una muy buena forma de mostrarles esa percepción de no pertenecer.

CONGRESO EN BULGARIA

Imagínese que le invitan a un congreso en Bulgaria. Sobra decir que usted no habla búlgaro, por lo que tendrá un problema inmediato de comunicación. Es más, ha escuchado que lo búlgaros mueven la cabeza hacia arriba y hacia abajo, cuando quieren decir “NO” y de  izquierda a derecha cuando quieren decir “SÍ”. El mundo al revés. Usted está con el alma en vilo y especialmente nervioso, porque piensa que si eso es así, pueden haber otras convenciones sociales que también resulten diferentes. Como resultado, estará socialmente en desventaja una vez en Bulgaria.

Por fin llega al aeropuerto de Sofía para el congreso de tres días en el que se espera que usted dé una conferencia. Intente imaginar cuál sería su primera pregunta, teniendo en cuenta sus problemas sociales y de comunicación. Probablemente, sería relativa a los detalles de su estancia. Las primeras preguntas seguramente serían de lugar: “dónde”: “dónde se celebrará la conferencia” “dónde está la sala de conferencias “dónde voy a dormir” “Dónde puedo conseguir algo de comer”… una vez haya obtenido respuestas para esas preguntas, se sentirá más tranquilo. Pues bien, las personas autistas necesitan esa misma predictibilidad. Se sienten más tranquilos, si pueden establecer unas sólidas asociaciones entre las actividades y los lugares.

La segunda lista de preguntas estaría relacionada con la organización del tiempo: “cuándo” El programa responderá las preguntas de cuándo empezarán las ponencias, cuánto durarán y así mismo, cuándo tendrá usted que pronunciar su conferencia, cuándo habrá un descanso y cuándo habrá de comer. Una vez tenga todas esas respuestas, se sentirá todavía más calmado; todos necesitamos predictibilidad en nuestras vidas.

Además le parece lo más natural del mundo que los búlgaros le respondan de forma que usted (con sus dificultades sociales y de comunicación) pueda comprenderlos. Es sencillamente, una cuestión de buena educación. Eso mismo sucede con las personas que tienen autismo, excepto en que sus dificultades sociales y de comunicación son mucho más graves. Solo se pueden adaptar a nosotros con dificultad. Si los invitamos a unirse a nuestras aulas educativas o talleres de trabajo, son nuestros invitados, por lo que tendremos que ser sus intérpretes; tendremos que comunicarles la información de “dónde” y “cuándo” de manera   que ellos la entienda. De esta forma haremos sus vidas más predecibles. Y todo eso no debería suponernos un gran problema: es una sencilla cuestión de cortesía.

A través de su cortesía, los búlgaros nos ayudan a ser más independientes mientras estamos en su país; gracias a nuestra cortesía, podemos hacer que las personas con autismo sean más independientes.

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