Sin permiso para ser madre imperfecta

¿Cómo lo hacen las otras madres? Las ves enteras, sonrientes, dinámicas, proactivas. No les ves ni una sombra de cansancio ni de hartazgo. Llevan puestos pendientes, esmalte inmaculado y mirada brillante. Sus planes funcionan, no necesitan plan B. Llegan siempre puntuales, cargan en sus bolsas chocolates, meriendas, aceite de una cosa, gotitas para otra, bufanda para el frío, gorra para el calor, termo con bebida caliente, termo con bebida fría… ¿a qué horas se entrenaron? El Everest para ellas debe ser “pan comido”.

Eso pensaba mientras me acomodaba la bola de pelo que pretendía ser peinado, cerraba la chamarra para no mostrar que no alcancé a ponerme sostén, acomodaba un jugo de supermercado y unas galletas en la maleta de mi hijo que aún no se vestía porque no encontraba la única camiseta que obsesivamente se pone desde hace un mes.

Esta semana no fue fácil. Como la anterior y la que la antecedió. Ya hemos cambiado tres veces este año de medicamento para sus trastornos de sueño, el bendito se resiste a dormirse aunque lo haga correr una maratón. Pero aquí estamos. No sonrío, la inercia me lleva, miro al frente, siempre al frente, a un punto en el horizonte. No es poesía, ni frase de autoayuda, es que si miro a los lados alguien me saludará y apenas si puedo articular un ¡Buenos días! Lo dejo en su terapia y me marcho tan pronto cierran la puerta que estratégicamente tiene un espejo con un mensaje “¡tú eres un ser maravilloso!” y yo solo veo ojeras y palidez, en otros tiempos por la vida bohemia.

Veo a otras madres… como yo. Simplemente quemadas. Algunas llevan unos pocos años transitando este camino de cuidados, enseñanza y acompañamiento, de ser mamás dedicadas 24/7 o, como nos llaman ahora, “madres de alta demanda”.

Ninguna se queja. ¿Cómo hacerlo? Saldrías mal librada del juicio que automáticamente surge sobre ti. “¿cómo puede renegar de su hijo?” “Qué débil es, hay casos peores” “Cómo se queja del oficio más bello que puede tener una mujer”. Además del condicionante culposo: “Tú hijo nota tu actitud, puedes afectarlo emocionalmente”, (la nueva psicología de la maternidad es una mierda!) Pienso mientras recuerdo que mi hijo debía traer una puta bolsa de semillas. Bah! De seguro alguna otra mamá trajo tres de repuesto… benditas sean las infelices!!!

Quisiera ser una madre con permiso. Permiso para gritar, permiso para no ser perfecta, permiso para sentirme ridículamente derrotada sin avergonzarme por ello, permiso para no aprovechar el momento perfecto y el lugar perfecto. Quisiera poder arrojarme en la cama cuando llego de terapias sin tener que pensar en la agenda de la próxima semana. Quisiera poder derrumbarme sin que alguien me diga que no lo puedo hacer.

Pero sobre todo permiso para no tener una solución o un plan B para el siguiente día, la siguiente hora, el siguiente segundo. Permiso para fallar y así tener un historial de pendientes equiparable con la lista de realizaciones de otras historias de vida muy diferentes a la mía. Son las 3:00 AM. Vemos Big Bang Theory con mi insomne compañero, comemos cereal y nos levantamos al medio día. ¿Alguien por ahí quiere criticar?

Anuncio publicitario

2 comentarios en “Sin permiso para ser madre imperfecta

  1. Muchas maquillan la realidad. Todas somos madres imperfectas y no pasa nada.
    Yo por suerte mi hija duerme, sino aun sería más imperfecta de lo que soy.
    La verdad es que con sus 8 años he aprendido a transitar mis días más y menos imperfectos sin culpabilizarme por ello.
    Un abrazo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s