¿DEBERÍAMOS ENSEÑAR A MENTIR A LOS NIÑOS CON AUTISMO?

Quienes somos padres de personas con autismo sabemos que no tienen filtro y dirán con poco cuidado lo que tengan en sus mentes. Lo hemos visto cuando reciben un regalo que no les gusta, cuando alguien les pregunta si le parece que están gordos o simplemente cuando declaran su aversión a alguna persona dando la razón contundente que termina por hacer sentir mal a quien va dirigido el brutal comentario y avergonzados a quienes somos responsables de su cortesía.

Se valora la honestidad y la verdad en cualquier lugar de este planeta. Se condena la mentira y el engaño de la misma manera. Pero no existiría una convivencia social llevadera sin el uso de la mentira. Todos hemos necesitado decir una mentira “piadosa” cuando la situación lo amerita, de lo contrario seríamos descorteses y poco amables. Necesitamos la mentira para generar espacios emocionalmente estables y socialmente tolerables.

“Tengo mucho trabajo” para evadir una cena a la que no queremos asistir; “Quedaste guapa” como respuesta a la pregunta que hace una mujer con el pelo hecho un desastre de peluquería; “Recordé una cita, lamento no poder acompañarte” cuando no quieres estar con alguien. La mentira ayuda en cierta forma a evitarnos explicaciones y honestidades que crearían confrontación. Pero en una persona con autismo el tema es distinto: “No quiero ir, me aburro” para evadir la cena; “Te ves horrible” en respuesta a la mujer de la peluquería; “No quiero ir, me desagrada estar contigo” cuando no quiere acompañar a alguien. Esas son las respuestas con las que se encuentran frecuentemente quienes interactúan con personas autistas.

Mi hijo aprendió a evadir una actividad que le parecía desagradable diciendo que iba al baño, en realidad terminaba deambulando por el colegio o en el patio de recreo. Amé esa primera mentirilla y le seguí la corriente porque sé cuánto elaboró todo ese proceso.

No lo hacen con intención. Simplemente, no pueden mentir tan fácilmente. La mentira implica reconocer el estado mental de otros (primer talón de Aquiles del TEA) y proyectar una situación a futuro a partir de esa mentira, causa-consecuencia, y, además mantenerla a lo largo del tiempo  (segundo talón de Aquiles).  

Pero eso no quiere decir que no puedan aprender. Llegan a aprender a decir mentiras a través de su infalible método de imitación y del análisis del impacto que genera una acción en su contexto inmediato. Me explico. Mi hijo aprendió a evadir una actividad que le parecía desagradable diciendo que iba al baño, en realidad terminaba deambulando por el colegio o en el patio de recreo. Amé esa primera mentirilla y le seguí la corriente porque sé cuánto elaboró todo ese proceso.

Sin embargo, sigue diciendo que la comida es horrible “guacala” y no se excusa cuando no quiere ir a un lugar, solo dice NO (entendiendo que también tiene dificultades de comunicación). También arroja en un rincón la camiseta que no le gustó y saca la mochila de su tío cuando quiere que concluya la visita. No está mal que exprese lo que siente, pero a la larga herirá sentimientos de quienes no lo comprenden ni ven el autismo como motivo de sus «desconsideradas» acciones.

En ese orden de ideas ¿deberíamos enseñar a un niño con autismo a mentir? Siendo una norma social que usamos todos en algún momento: SÍ. Pero ¿Cómo?

Cuando se busca información sobre las mentiras en niños todo se dirige a que no mientan, y no está mal, no queremos un mentiroso patológico en un mundo que por eso está tan mal. Pero queremos ese término medio que ayuda a convivir como ya se dijo antes.

Creo que la mejor forma de enseñar la mentira social es mostrarle que cada acción lleva una consecuencia y que las personas tienen sentimientos. No se necesita un lenguaje complejo, ni largas filas de pictogramas. Los entornos reales con personas de confianza son más eficaces en esa enseñanza. Un familiar que escenifique una situación, por ejemplo, o videos, películas donde se muestren situaciones de uso de una mentira social.

Este tema abarca mucho más que las 800 palabras que uso aquí. Surgen muchas dudas, preguntas y como ningún niño con autismo es igual a otro, los aprendizajes terminan siendo muy individuales.

Alabamos su honestidad, declaramos a cuatro vientos que no mienten como signo de lo transparentes que son. Pero en un mundo donde la verdad puede ocasionar problemas dependiendo el contexto, la mentira se convierte en un mecanismo adaptativo para sobrevivir, para encajar y para relacionarse socialmente. O si no, pregúntenle a un adulto con autismo lo difícil que es vivir diciendo todo el tiempo la verdad sin filtros.

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8 comentarios en “¿DEBERÍAMOS ENSEÑAR A MENTIR A LOS NIÑOS CON AUTISMO?

  1. Vick

    Hola buenas tardes, me parece super interesante el debate. Pero yo tenía entendido que los niños siempre dicen la verdad y que no tienen filtro 😛. Me rei cuando contaste que tu hijo le acercaba la mochila al tío cuando quería que se vaya, no creo que debiera molestar. Y también me reí cuando Fermín escribió sobre lo molesto que es que le pregunten cómo se ve la gente, idem. En mi caso no se que problema tengo pero para mí es una discapacidad no poder mentir, me siento en desigualdad de condiciones frente a una sociedad que miente y que yo sé que está mintiendo. Ya arrancando para conseguir trabajo, en el cv es habitual mentir, pero nunca pude por esto de la ansiedad de recordar fechas y nombres ficticios por si me lo llegaban a preguntar… y eso nada tendría que ver con mis capacidades. Me ponen muy mal también las mentiras socialmente aceptadas como ya sali y todavía siguen en sus casas. Supongo que la mentira tiene un valor de cohesión social y por eso se sigue usando y aceptando, por eso es tan discapacitante no poder decirlas. De más está decir que soy una pésima vendedora y que por mis impulsos he perdido un trabajo en confección que sí me gustaba, la razón? No quedarme callada porque me pidieron una cosa y yo la hice pero después me dijeron que no, que era otra cosa lo que me había pedido. Le grite le dije a mi compañera pone el audio pone en audio ahí no dice eso! Jajaj, supongo que no tenemos habilidades sociales y cuesta aprenderlas pero la sociedad también tiene que aprender de la neurodiversidad porque sino es doblemente difícil.

  2. De todas formas no sé qué hago yo opinando de nada.
    No soy una opinión válida en nada.
    No tengo vida social ni ganas de tenerla.
    Me tiro una o dos horas escribiendo idioteces sin sentido como si pudiera sustituir la necesidad de comunicarme con otras personas a través de comentarios pseudo-inteligentes.
    Como si yo fuese alguien digno de ser tenido en cuenta.
    No soy quién para opinar de cómo se puede o debe educar a nadie si no me he preocupado nunca de educar ni he permitido que me eduquen.
    Todas las decisiones importantes las he vendido, traspasado a mejores postores.
    Soy la piltrafa que resulta de una vida monótona, aburrida hasta la médula vital.
    Soy un vampiro.
    Que sí.
    Uno que sorbe las emociones de otros para tratar de encontrar un sabor a este mundo.
    Uno que quita a otros las ganas de vivir.

    Hoy tengo un mal día. Un día asqueroso de mierda.
    Hoy echo de menos mis antidepresivos recetados «de por vida».
    Hoy dejo.
    Dejo otra vez, las redes sociales y los comentarios.
    Me consumen esta existencia tan estúpida.

    A ver si encuentro la forma de ser feliz, de olvidarme de la muerte por un día.

  3. En las 725 palabras del texto (sin la cita entre comillas) si, se quedaría corto. No sé si el título de este texto tuyo es una pregunta retórica o abierta pidiendo opinión a tus lectoras pero quisiera expresar una opinión.
    Sin ánimo de molestar ni de lejos opino que no es necesaria la mentira. Lo que debería aprender todo el mundo es a respetar. Al menos de cara a las mentiras pequeñas. Respetar la forma y tamaño de los cuerpos de otras personas. Dejar de criticar y no pedir consejo a los demás sobre cómo se les ve el pelo, la ropa, la tripa … no lo siento necesario. Me molesta mucho que me pregunten «¿qué te parece? ¿cómo me queda el vestido?». Pero … ¡ Yo qué demonios sé ! ¡ No entiendo de ropa ! y …
    ¡ Ale Hop ! Ya está servida la mentira en bandeja. Al cabo de los años aprendes que a decir «creo que te queda bien» seguido de » … pero no tengo ni idea.» o solo la primera frase, según ande la relación en ese momento. No sé. ¿Era mejor llevar esto aprendido? ¿Todo el mundo va a seguir esa norma? Porque hay quienes dan su opinión sin ánimo de ofender y hay quienes la dan con todo el propósito. Por eso digo que no veo preciso opinar de ciertas cosas.
    Y no digamos ya las otras mentiras, las elaboradas que no tratan de cosas vanales. Las más abundantes, importantes y más empleadas a todas horas para sortear las dificultades de esta vida nuestra.
    Para una mente que encuentra complicado seguir el hilo tejido en la trama de un diálogo social, bordar la mentira implica toda una serie de consecuencias. Requiere comenzar abriendo un marco desagradable en el trato con los demás porque no es agradable decir mentiras. Requiere buena memoria social para ubicar el cómo, cuándo y porqué de las mentiras construidas para no meter la pata después. Desagradable del todo.
    La cortesía es menos necesaria que tener un corazón sano, a mi modo de ver. Lo que deberíamos aprender todos es cómo fortalecer nuestra identidad. Cómo inmunizar nuestros sentimientos para que no se vengan abajo si nos dicen cuánta tripa tenemos o qué feo hace mi pequeño desierto de pelo en la coronilla de este cabezón mío con forma de huevo.

    1. angelaco

      Estoy totalmente de acuerdo contigo Fermin y no imaginas cuánto. Hace poco se me dio por dibujar, nada del otro mundo, trazos de tinta, algo de sombras y salía algo. Nadie me dijo la verdad sobre el dibujo hasta que se lo mostré a un par de personas asperger. Su honestidad no es delicada para los que estamos entrenados a que todo el mundo nos diga las bondades de nuestras creaciones. La verdad debería estar mucho más valorada y casi siempre es sentirnos ofendidos o afrentados por ella. Es mejor una verdad incómoda que una mentira que luego dolerá cuando sea descubierta. Me disculpo por responderte tan tarde. Un abrazo.

  4. pedrocadejo

    Eso tiene que ver con aprender habilidades sociales y como bien dices todo depende. Las mentiras «blancas» no dejan de ser mentiras pero sirven para mejorar la convivencia…

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