Autismo: Entrenamiento de astronauta.

A un niño con autismo se le debería tratar no como a un extraterrestre sino como a un astronauta.

Cuando el autismo aterriza en nuestro hogar inicia todo el proceso de adaptación a un universo desconocido para nosotros y para ellos. No es tan sencillo como enseñarle a comer, a ir al baño o a cepillar los dientes. El reto comienza por encontrar ese punto de conexión que se diluye entre las miradas evasivas y las palabras ausentes.

Nos encontramos con entrenamientos que en su mayoría buscan mitigar rarezas (síntomas) antes que proveer de herramientas vitales y esenciales en un mundo, que aunque permite maniobrar a pesar de las dificultades,  tiende a fallar por su característica imprevisibilidad.

Nosotros sumergidos en una existencia de lo normal, que no nos permite ver la singularidad tan fácilmente, acostumbrados a los 9.8 de  gravedad que nos mantiene cómodos con los pies en el suelo, nos vemos de repente enfrentados a darle a esa personita un entrenamiento exigente, exhaustivo y constante para que sobreviva a lo que, de ahora en adelante, será toda su vida de exploración.

Por eso el entrenamiento espacial es la mejor analogía para describir la intervención que realmente necesita una persona con autismo. Nivel básico, avanzado y prácticas en territorio. Enseñarle a moverse en el universo requerirá aprendizaje de técnicas, conceptos, funcionamiento del mundo entre otros. El tiempo apremia y a veces nos encontramos en nuestra triste realidad con enseñanzas tan carentes de significado como de utilidad.

El nivel avanzado evitará perder horas y horas en repeticiones de instrucciones y mejor en solución a problemas de contexto, comunicación y significado. Nuestros chicos y chicas son resistentes y a veces subestimamos esas capacidades cuando podríamos adentrarlos en la centrífuga realidad y en la ingravidez que le quita el piso seguro y lo empodera para enfrentarse a la misión.

En la NASA una misión espacial de 15 días requerirá un entrenamiento de cinco a ocho años, sin contar aquellos entrenamientos a misiones en lejanos parajes galácticos y cuyo entrenamiento se extiende muchísimo más. Si hacemos el paralelo con la intervención en el autismo, el entrenamiento puede ser o no constante, puede ser o no intensivo y puede ser o no exitoso, todo depende del lugar donde nació nuestro astronauta y de la importancia del éxito de la misión: a veces solo quieren que transiten por el vecindario seguro y todo se queda allí. Aunque nuestro chico merezca ir al infinito y más allá.

De las cosas que más llaman la atención son los simuladores, que dentro del entrenamiento ocupan la etapa casi final, un premio al esfuerzo o la prueba de fuego tanto para entrenadores como para el astronauta.

En los foros de personas autistas adultas es común encontrar la añoranza del simulador social. Algo así como un mundo a escala para aprender allí cómo moverse en esos espacios tal cual lo haría un astronauta a través de los vuelos parabólicos o las cámaras antigravedad. Una cosa es la teoría y otra la incierta realidad. Dicen que si se les hubiera dado entrenamiento de campo las cosas serían distintas y no habrían salido a experimentar fallo tras fallo dejándolos con un sentimiento de incapacidad. Ante el “Houston, tenemos un problema” la respuesta fuese un “Mantenga la calma, espere instrucciones” y no un aterrador silencio o en el peor de los casos un “arrégleselas como pueda”.

Podemos ser a veces decepcionantes “Houston´s” para misiones que confían en que no los dejaremos solos afuera.

En un universo que no cambiará sus leyes físicas para permitir al astronauta navegarlo sin preparación, la adaptación deberá ser propia del explorador ante un espacio que se impone vasto e indeterminado. Así el mundo. Así la sociedad.

Por eso la intervención en el autismo debería ser como un entrenamiento espacial. Afuera es enigmático e interesante, hasta bonito, pero lo suficientemente hostil como para complicarlo todo.

Al final esa antigravedad que le hace despegar sus pies del seguro suelo, no es otra cosa que el permiso que da el universo para fusionarse en sus mismos términos. Lanzarse a una caminata en el espacio (el punto más alto de cualquier misión) es un acto atrevido, arriesgado que bien hace valer la pena el esfuerzo y entrega de quien guía y quien se deja guiar.

Por eso también deberá aprender a captar y a emitir señales, ya sea para que desde algún rincón del cosmos le respondan o no, o simplemente para decir “aquí estoy, soy parte del todo, reconóceme como un visitante o quizá como un habitante deseando ser tratado con cordialidad y bienvenida”

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9 comentarios en “Autismo: Entrenamiento de astronauta.

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  3. Romina

    Gracias por decir con tanta claridad lo que se enfrentan día a día aquellos que tienen un diagnostico Como mamá de un niño de 3 años con TEA nunca había encontrado algo tan claro, simple y complejo a la vez que describiera lo que viven y vivimos a su alrededor. Graciass!!!

  4. Geracina

    Haces que retroceda en el tiempo, aquellos años de aprendizaje intenso para todos en casa. Después de 16 años podemos ver que todo lo que hicimos no estuvo tan mal, apostamos por no seguir los consejos de los especialistas que obligaban a un entrenamiento para animalitos, buscamos intuitivamente profesionales empáticos y gracias a Dios los encontramos, pero los que más ayudaron fueron los más pequeños, su hermana y hermanito, nuestra casa se convirtió en el lugar perfecto de entrenamiento para mi Oscar, quien se convirtió en un dulce adolescente, que se gana el aprecio de quienes se acercan a él, creo que por su implacable sinceridad.
    Gracias, muy hermoso lo que escribes, atesoro tus letras son reconfortantes.
    Abrazos virtuales.

  5. Interesante símil.
    Cuando era pequeño ya soñaba con escapar de este mundo.
    Lo hacía de noche mientras los demás dormían.
    Mi cama era el asiento de la nave.
    Me encantaba sentirme bien sujeto a ella envuelto en el peso de las mantas.
    Los mandos quedaban sobre mi cabeza.
    Luego un día … al despertar … se suponía que íbamos a jugar. Pero hubo cosas de sexo que cambiaron el rumbo. Todo lo creí. Que desnudarse era un juego.
    Ahí terminó el viaje.
    Desde entonces me concentré en limpiarme. En buscar respuestas. ¿Porqué soy tan malo?
    Todavía creía en Dios. «Llévame contigo. Este mundo no me gusta.»
    … … … …
    Siendo adulto pensé que toda mi vida quedó condicionada por aquello. Que todos los problemas venían de aquellos días negros.
    Había claramente un sin fin de señales que hubieran derivado en mi actual diagnóstico como persona dentro del espectro. Pero poco o nada se sabía entonces.
    … … … …
    Estoy triste. Todos los viajes tienen un final. Estoy deseando bajarme en la próxima estación y no salir nunca más. Quiero que vuelvan todas las rutinas. No quiero pensar.
    … … … …
    Habrá lugares donde podamos aprender. Hablar incluso. Contar nuestras cosas sin que alguien se ría. Sin que alguien se moleste porque repita muchas veces unas palabras inventadas o inconexas. ¿Tanto daño hace eso? ¿Es porque parezco tonto? Claro. Será eso.
    Se podrá aprender a no hacer ruidos, repetir gestos o muecas. ¿Se podrán contener esas fuerzas en el interior sin que nos destruyan? ¿Servirá la contención para preservar a los demás del dolor?
    Necesitamos lugares donde todos puedan aprender que la gravedad debería ser menos seria.
    Pero sobre todo, sobre todo lo demás, hacen falta personas con un corazón más grande. Para bombear fuerza, cariño y paciencia a cada rincón de su cuerpo. Personas como tú. Gracias.

    1. Geracina

      También quería escapar de este mundo cuando era adolescente, sufrí acoso sexual desde pequeña y otras decepciones que me convencieron que no me quería quedar en un mundo dónde las demás personas lo hacen tan difícil. Parecía que para vivir en el mundo había que ser abusivo, burlón, manipulador, sacarle ventaja a todos o mínimo vivir siempre a la defensiva y no me gustaba, me daba cuenta que podía ser como todos y algunas veces lo hice y herí a algunas personas, no pude soportar mucho tiempo esa versión mía y decidí que si iba a lastimar a alguien sería a mi misma y me sumí en depresión muchos años. Hasta que la misericordia de Dios me alcanzó y me sanó, ahora soy libre, para servir, amar, consolar, confortar, acompañar.
      Gracias por compartir tus experiencias, espero que mi hijo pueda expresar su sentir tan bien como lo haces cuando sea grande. Saludos.

      1. Gracias a ti también por acompañar con tus palabras.
        Es curioso cómo en las palabras se expresa uno tan diferente de cuando se está con otras personas.
        Me alegra además que Dios te ayude tanto. Por más que lo he intentado a mi no me ha funcionado pero reconozco que a otros si.

      2. angelaco

        Geracina, siempre serás bienvenida a este viaje y tu hijo seguro nos podrá contar qué mundos quiere explorar. Gracias por compartir tus experiencias y saberte valiente aun sin conocerte.

    2. angelaco

      El viaje nunca termina Fermin. El viaje sigue… quizá no hacía afuera, donde todo parece libertad pero en realidad es más hostil que en nuestro «conocido» planeta. Dentro de nosotros hay mundos por explorar y ya sabes las coordenadas, nacieron contigo. En esos lugares podemos ser sin disculparnos, sin sentirnos avergonzados, somos héroes, volamos, construimos civilizaciones donde lo diferente es cotidiano y a la vez asombroso. Creo que la parte que te marcó para bien, viene de querer emprender un viaje y de la necesidad de retomarlo junto con otros exploradores que nos reconocemos en las mismas plácidas experiencias.

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