AUTISMO: ÁNGELES PERO EN OTRA VERSIÓN.

Los ángeles que conozco tienen mirada profunda, de esas que desafían, que escrutan las más profundas intenciones. Sonríen con ese gesto de condescendencia, de compasión con esta sociedad que no sabe ni de dónde viene, ni para qué vino. Los he visto con sus enormes alas que recogidas dan el largo de su tolerancia y ya extendidas la fuerza de su impetuoso vuelo. He escuchado el metálico sonido de su inseparable espada, el viento silbar al moverla certera frente a los obstáculos, prejuicios o en su anhelo de limpiarles el camino a quienes les han detenido el vuelo o les han cortado las alas.

Llámenlos ángeles si quieren, pero casi siempre se equivocan de versión. La que yo conozco  está muy lejos de lo angelical, de lo débil o de lo sacro. Terrenales y mucho, sus deseos son más intensos, viven con más pasión que nosotros y si de pureza se trata, claro que la tienen: coraje y valentía en estado puro.

La próxima vez que  relacionen ángeles y  personas autistas, van a tener que cambiar la versión sobre todo por el bien de ellos. No necesitan que los vean como estereotipos y menos de ángeles, pero si la metáfora es inevitable, recuerden que existen ángeles colosales que se hacen sentir y cuya fragilidad no es mayor a la de cualquiera de nosotros.

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