LA ESCUELA ES COMO COCINAR

La imagen puede contener: una o varias personas y fuego

La escuela es algo así como cocinar. Primero se buscan los ingredientes de esa difícil receta que muchos quieren preparar y pocos saben cómo. Pero hay que ir con la mente abierta y la canasta dispuesta a encontrar seguramente ingredientes mejores. Estar dispuestos a reemplazar aquellos que no se encuentren o nadie sepa y parecieran buscar complicar el plato con ingredientes que muchos desconocemos.
Podríamos visitar mercados gourmet por el asunto de la calidad, o simplemente irnos a plazas donde los campesinos con las uñas entierradas y el olor a campo fresco reemplaza al polietileno del empaque fino que mata la esencia hasta de una zanahoria.


La receta dicta las medidas, las cantidades, que sí y que no. Legendaria preparación es la escuela que no admite improvisada sazón.
Pero la cocina no es un espacio rígido, a menos que hagas pastelería, allí si al caso te pones rebelde con la decoración pero jamás le agregas más de lo que toca.
A la escuela nos la vendieron como un pastel perfecto y aburrido. Y una receta que se cuida, de forma injusta, sobre todo de los maestros. El sistema vela porque a la cocina no se metan elementos que sugieran nuevas preparaciones o, en el peor de los casos, que si hay que agregar ingredientes se haga en poquísima medida o se quede en la mesa y nadie sepa si se agregaron a la cocción.
La escuela muchas veces sabe a alimento congelado, bonita foto pero insípido sabor. Allí no pasó el aceite de oliva, el vinagre tinto, es que a veces ni la sal. Esa escuela que se mete al microondas para solo calentar perdiéndose el viejo hábito de la leña y el hervor, de sentir el aroma de los elementos y el fuego que aviva los colores de la cazuela.


No pedimos una escuela atiborrada de finas hierbas o condimentos. La sencillez es la maestra de los grandes platos. Que tal una escuela cuya receta se pueda modificar, con los ingredientes de aquí, la sazón de allá, los tiempos dependiendo el fuego que nos toque.
Que tal una escuela con un maridaje perfecto lleno de alianzas impensables: el alumno, el padre, la madre, el vecindario, la ciudad, el foráneo. Que la prepare el chef experto y también el cocinero rebelde que quiere, respetando el plato, modificar poco a poco una receta que ya merece otros matices. Una escuela con mejor sabor. Con ingredientes impensables que hace tiempo y, aunque sea por curiosidad, merecen ser…incluidos.
Es el momento, sobre todo ahora que la receta se está haciendo “accesible”, de sentarnos a reinventarla y de permitir que se cocine desde la sabiduría gastronómica de cada cultura, sin olvidar que una papa en Finlandia sabe muy diferente a las del resto del mundo y quizá no sea la que necesitamos en nuestra receta local.
La escuela es cocinar juntos y extasiarnos de los sabores que cada uno aportó y quedarnos con las ganas de mejorar la receta porque los paladares nunca se deben conformar.

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5 comentarios en “LA ESCUELA ES COMO COCINAR

  1. pedrocadejo

    La cocina puede ser algo soso y cotidiano, una tarea que roza la intrascendencia, un acto automático de sobrevivencia o una imposición laboral. Pero hay otra cocina que se convierte en arte, que trasciende lo cotidiano del comer y se convierte en cultura, en parte de una forma de vivir; puede ser una profesión y una vocación. Entonces es cuando el simple acto de combinar frutos, hierbas y condimentos se convierte en algo que vá mas allá para quien lo hace y para quien lo disfruta. Y luego comerlo se convierte en un ágape, en una celebración, en un compartir y participar….

    Hermosa forma de combinar ingredientes…metáforas para algo tan «corriente» como cocinar…o como aprender…De la cocina a la escuela…

    1. angelaco

      La escuela es para cocineros creativos, que se salen del recetario, que le dan su toque personal y no buscan fusiones con otras culturas teniendo tan buenos ingredientes en su región. Tú que has cocinado con grandes auxiliares de cocina sabes cómo sale de bueno un plato cocinado con el alma…

  2. Sorprendes. Al final te haces «literata». Este texto me recuerda cuando escuché por primera vez el nombre más imposible para una poesía que seguro ya conoces. «Las nanas de la cebolla».
    Odio la cebolla menos que al ajo, pero … ¿una poesía a la cebolla?.
    Era muy joven, sucedió en la escuela. Profesor de garrote en mano. Yo virgen de amores, nada entendía. Ahora sí.
    Combinar amor, genialidad y necesidad en una misma receta pueden producir una poesía así.
    Voy a romper su métrica en frases:

    La cebolla es escarcha cerrada y pobre.
    Escarcha de tus días y de mis noches.
    Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda.
    .
    En la cuna del hambre mi niño estaba.
    Con sangre de cebolla se amamantaba.
    Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre.
    .
    Una mujer morena resuelta en luna se derrama hilo a hilo sobre la cuna.
    Ríete, niño, que te traigo la luna cuando es preciso.
    .
    Alondra de mi casa, ríete mucho.
    Es tu risa en tus ojos la luz del mundo.
    Ríete tanto que mi alma al oírte bata el espacio.
    .
    Tu risa me hace libre, me pone alas.
    Soledades me quita, cárcel me arranca.
    Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea.
    .
    Es tu risa la espada más victoriosa,
    vencedor de las flores y las alondras
    Rival del sol.
    Porvenir de mis huesos y de mi amor.
    .
    La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado.
    ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo!
    .
    Desperté de ser niño: nunca despiertes.
    Triste llevo la boca: ríete siempre.
    Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma.
    .
    Ser de vuelo tan lato, tan extendido, que tu carne es el cielo recién nacido.
    ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera!
    .
    Al octavo mes ríes con cinco azahares.
    Con cinco diminutas ferocidades.
    Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes.
    .
    Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma.
    Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro.
    .
    Vuela niño en la doble luna del pecho: él, triste de cebolla, tú, satisfecho.
    No te derrumbes.
    No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.

    1. angelaco

      La analogía de la cebolla! Fantástica!! Bellísima!! Que vivan las palabras que se hacen poesía, canción, discurso, locura y hacen llorar (cebolla … lágrimas… ya sabes). Has seguido escribiendo?

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