¿Le darías veneno a tu hijo para curarlo del autismo?

Santiago siente el enorme peso de la frustración. Su hijo diagnosticado hace ocho meses con autismo pareciera retroceder más que avanzar. Aunque acuden a algunas terapias, no son las suficientes como para sentir que algo se está haciendo. Los días son tremendamente largos y no hay diferencia con las también largas noches que  les recuerdan el autismo no les dará tregua.

Una de esas frustrantes madrugadas Santiago se sentó frente a la laptop mientras su hijo veía por cuarta vez uno de los capítulos de Pocoyó. En uno de los grupos de facebook encuentra una palabra que lo saca de su sopor: CURA. Pica en el link y se encuentra con testimonios de familias donde el común denominador es cómo curaron a sus hijos del autismo.

Se inscribe a una de las reuniones donde le explicarán cómo erradicar el autismo del cuerpo de su hijo a través de un «Protocolo» que garantiza curar cualquier cosa, incluido el trastorno que tiene a su hijo en medio de la sala balancéandose mientras se pierde en la pantalla de la TV.

Aquel día del esperado evento, en un salón que indudablemente costó mucho dinero alquilar y junto a un grupo de personas tratando a los invitados  con una amabilidad sospechosa, Santiago ya tiene en sus manos un folleto y una persona que le acompañará durante la conferencia para solucionar cualquier duda.

—Siempre es un extranjero —escucha de una mujer a su lado. Alcanza a ver un tatuaje en el dorso de su mano, una ficha de puzzle.

Durante la exposición la mujer ha tomado cladestinamente varias fotografías y escribe en una libreta con actitud de incredulidad. El «gurú» entre diapositivas exhibiendo parásitos, lombrices descomunales, intestinos y niños sonrientes, aparece la razón de ser de toda esa puesta en escena: Solución Milagrosa.

Curiosamente el experimentado «científico» , porque así se hace llamar, muestra al público las bondades del producto mágico cura-todo rebatiendo con argumentos como: El autismo tiene cura, las vacunas son las culpables junto con los metales pesados, el autismo tiene origen parasitario y otras tantos argumentos que iban desde dietas hasta complots de las farmacéuticas.

Santiago se preguntaba cuántos de esos parásitos podría tener su hijo y su angustia se tornaba más asfixiante mientras observaba imágenes que evidenciaban la eliminación de los mismos tras ingerir el líquido en cuestión. Imaginaba cómo evadiría las vacunas para no seguir «intoxicando» a su pequeño.

En realidad siendo economista y lector de muchos temas, sobre todo del que ahora ocupaba todo su interés, el autismo, no dejaba de sentir incómoda desconfianza ante los argumentos del autodenominado científico y la sonrisa amable tatuada en la cara de su acompañante asignada.

Y en medio de esos pensamientos que lo torturaban la voz de la mujer volvió a aparecer a modo de susurro.

—Cuánto daño están haciendo. Ya escuché suficiente… te espero afuera si quieres—, y se levantó de la silla no sin antes entregarle discretamente una nota:

«¿Le darías veneno a tu hijo para curarlo del autismo?»

La mujer no tuvo que esperar porque Santiago casi al tiempo se levantó de la silla pidiéndole a su invasiva acompañante designada un momento para tomar aire. Se percató de no olvidar nada porque a esa silla convencido estaba que no volvería.

La conversación que siguió después al rededor de una limonada y un café que la mujer pidió en sus palabras: «negro como la conciencia de nuestro científico, por favor» fue justo lo que necesitaba para rescatarle de su angustia y despejar sus dudas.

Le contó que su nombre era María, madre de una niña con autismo y periodista cuando el tiempo se lo permitía. Que estaba allí para documentar riesgo, peligro y crueldad y que había visto los estragos que ese protocolo causaba en pequeños que confiaban tanto en sus padres como para tragar piedras si de sus manos venían.

—Y sí lo sabes por qué estabas allí? preguntó Santiago.

La respuesta de María lo dejó todo claro:

—Porque yo le dí ese veneno a mi hija.

Y narró su odisea…

Acudió a esa salida por mera desesperación recomendada por una vecina del edificio donde vive; su pequeña se autolesionaba y no podía sacarle un murmullo de su boca. Comenzó por los enemas dolorosos y desesperantes. Paralelamente mataba los supuestos parásitos con un brebaje que limpiaba mejor los baños que cualquier desengrasante. Nunca vio ni una de las famosas lombrices salir del cuerpo de su hija, a pesar de haber seguido el protocolo y sumando Mebendazol y Quinopodio simultáneamente, dos purgantes potentes que a una niña de tres años podría haber matado junto con la lejía que venden como inofensiva. Paradójica mezcla creada por quien habla de complots de farmacéuticas.

Se le quitó el autismo? No. Empeoró. Porque un ser humano que se siente mal físicamente, agredido con algo tan letal, lo único que podía expresar era dolor a través del incremento de sus autolesiones y las crisis que las dejaban agotadas a ambas.

Los grupos que apoyaban ese protocolo en redes sociales eran bastante radicales; al menor cuestionamiento el ataque se volvía personal: «madre desconsiderada» «hazlo por tu hija, si de verdad te importa» «Si te gusta ver sufrir a tu hija abandona». Pero las respuestas a preguntas sobre los efectos colaterales derivaban a links en inglés que nadie entendía.

Finalmente una noche de marzo mientras escribía su habitual columna editorial, el grito de la abuela que cuidaba a su hija le estremeció el alma…¡Vamos a Urgencias! La pequeña vomitaba sangre, su rostro pálido, su respiración entrecortada y la imposibilidad de caminar por si misma la llevo a alzar ese  delgado cuerpecito que la dieta recomendada dentro del protocolo había propiciado.

Los doctores controlaron la hemorragia intestinal, estabilizando su agudo estado de deshidratación e implementando el protocolo para desintoxicación.  Encontraron un cuadro crítico de anemia y temían falla renal o hepática. El daño neurológico era en ese momento incierto.

Por fortuna la hija de María sobrevivió sin daños severos. Tuvo suerte.

Denunciar no fue posible. La responsabilidad recayó sobre María y su decisión de suministrar un producto que no tiene evidencia científica ni permiso para ser distribuido, lo que le quitaba la posibilidad de trasladar la responsabilidad al «científico» y sus seguidores.  La justicia no se ocupa de negligencias difíciles de penalizar.

Hoy en día la hija de María asiste a terapias y a todo tipo de intervención lejos de la pseudociencia y los milagros embotellados. Redactó la crónica de la conferencia donde conoció a Santiago y que de paso la llevó a rescatarlo a él y a su hijo de una pesadilla que espera evitar a otros tantos más una vez publique su columna.

Ese día al volver a casa lo primero con lo que se encontró Santiago fue con la mirada brillante e inquieta de su hijo.  En un abrazo que esta vez el pequeño no evitó, le prometió no volver a buscar caminos en bosques oscuros y sí transitar por donde no se encontrasen con individuos para quienes pequeños como él o la hija de María no sean simplemente un medio para obtener dinero a costa de sus vidas.

Un año después se enteró del retorno del «científico» y su brebaje cura-todo. Tomó su libreta y una cámara.

 

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6 comentarios en “¿Le darías veneno a tu hijo para curarlo del autismo?

  1. Patricia Carolina Mercado

    Creo que en momentos de desesperación ,muchos-chas podemos equivocarnos.Solo que agradezco a Dios ,encontrar en momentos indicados ,siempre alguna luz para salir adelante .En mi caso ,encontré la fuerza ,el Amor ,y los medios necesarios para acudir a cada especialista que supieron acompañarme .Tengo dos bellos hijos con Autismo,uno severo ,el otro Asperger .En el primer caso ,hubo mucho desconocimiento de mi parte y asombro ,lo que me llevo a no bajar los brazos hasta encontrar lo adecuado y necesario para mi hijo.En el segundo de mis hijos con Autismo ,es Asperger,existió la pregunta …por que otra vez a mi????…el tiempo me respondió…seguramente por que yo pondría todo mi tiempo,ganas ,fuerzas y esfuerzo en sacarlos adelante.Amo a mis hijos,ellos son la razón de mi vida.Cuento ademas con la valiosa ayuda de mi hija mayor .

    1. jamneban

      «dicen menanzobol no, psilocoibina si ( natural, misma estructura que los liquidos cerebrales», viene naturalmente en plantas y setas al parecer; algo asi;, el hehco es que funcionan en casi todos casos autistiso=
      “un chico ‘autistico’, le han ‘curado’ rapidamente en 11 semanas definitvmente de varios rasgos autiisticos por decirlo dde alguna manera;) dicen, que le dieorn una cosa que agrega a los autisticos rasgos neurotipicos, y si un neurotipico lo toma, se le agregan rasgos autisticos;) luego se pueden entender ademas los dos bandos talves, https://thirdoption.tv/list-of-changes-since-psilocybin/ un hongo que crece naturalmente por toda america, cualquier latitud, o a vbeces reemplasado por comidas que contienen las misma cualidades nutritivas 😮 . .. “

  2. angelaco

    No hay nada más bello y poderoso en la tierra que el amor de una madre o un padre por su hijo, pero el amor no es el antídoto contra el sentido común. Amar a un hijo no puede llevar a envenenar, dañar, torturar «por su bien» NO! Los seres humanos estamos acostumbrados a arreglar lo que está mal: el cuadro torcido en la pared, la pintura desgastada, la mancha en la camisa…los seres humanos que no son normales. Quise retratar en un escrito de «ficción» esa realidad de las curas milagrosas. A muchos no les gustó pero era necesario, por lo menos para mí. Gracias por estar ahí comentando. Valoro mucho cada opinión tuya.

  3. F e r m i n Romero de Torres

    Ando muy cansado ya a estas horas … un día agotador … caluroso … con mucha gente … con nervios etc, etc. .. . pero quiero decir algo sobre este tema. Los seres humanos tenemos un par de elementos especiales, no tanto como nos parece respecto a otros seres vivos pero sí que en nuestra especie son más notables: inteligencia y espiritualidad. Todos lo saben.
    Una gran parte de estos elementos dependen del funcionamiento de nuestro cerebro. La mente humana, todo el mundo lo sabe, me repito, comienza a estar siendo comprendida, aunque mínimamente. Nuestra red de neuronas funciona y da lugar a maravillas que no se pueden explicar: el amor inmenso y poderoso de una madre por su hijo … ¿hay algo más bello? ¿es eso fácil de explicar? ¿si?
    Inténtelo de verdad quien lea esto y lo niegue para contármelo después de unos años de practicarlo.
    No sé qué daría a mi hijo para «curarlo» pero no esas porquerías. ¿Modificar el cerebro con alimentos? mmm, no me lo creo.
    Es que, no tengo ni idea por más que haya leído de lo que puede suponer el día a día de un hijo con autismo ni a qué te puedes arriesgar para cambiar su singularidad, pero a estas cosas tan vagamente factibles, tan mal montadas, tan poco contrastadas …
    Cada uno somos distintos y en los casos menos graves, las personas no quieren cambiar su T.E.A. pero estos no pueden compararse a otros casos … y se entiende que los padres quieran el mejor futuro para sus hijos, pero nunca de esta manera. Qué gentuza. Y abunda. La hay con toooodo tipo de remedios. Y gente que opina a lo tonto sobre cualquier tema y que se cree cualquier cosa. No sé. Ya no puedo más, chao.

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