Sé fuerte, Sé fuerte…Plum!!

lágrimas
Las lágrimas de Freya – Gustav Klimt

Ese día entré en pánico. La cita de genética programada hacía un par de meses corría el riesgo de perderse por una tontería: Dos hospitales en una misma ciudad con el mismo nombre (Sí,  eso puede pasar, qué creativos!) y justo llego donde no era. Tomamos un taxi que nos llevara al otro lado de la ciudad ha sabiendas de la hora y con poca certeza de ser atendidos.

Agitada y para mí justificadamente ansiosa, acceden a atender a mi hijo aunque llegáramos cuarenta minutos tarde. Abre la puerta del consultorio un hombre sin bata blanca, vestido de traje y definitivamente con aspecto de «sabe un montón» y nos invita a pasar.

No estaba solo. Ocho alumnos de su clase de genética estaban allí en labor de práctica. Luego recordé… es un hospital universitario y pues obviamente es un escenario habitual.

Mi agitación y ansiedad no bajaban aunque tratara de controlarme. Una de las practicantes empezó a hacer las preguntas de rigor: edad del paciente, diagnóstico, talla, peso,  etc. El genetista me observaba y eso de verdad no me ayudaba para nada a tranquilizar.

De repente y luego de diez minutos de preguntas y respuestas que la futura genetista digitaba en el computador, el doctor le pide detenerse con un gesto sobre su hombro. Y me lanza una pregunta que no esperaba y sería el comienzo de algo inesperado e imposible de olvidar.

-¿Cómo te sientes?

Viéndola como una pregunta cortés le respondí…

-Bien.

Al parecer no le convenció la respuesta…

-Tener un hijo como el tuyo seguramente no es fácil, sé por lo que pasaste para llegar acá (la otra clínica había hecho la gestión para evitar perder la cita) y creo innecesario preguntar cosas que ya están en la historia verdad?

Le pasa a la practicante la historia clínica que previamente yo había entregado.

– Haces mucho por tu hijo, es innegable cuánto has sacrificado frente a esta responsabilidad.

Desconcertada pensaba… por qué no me está preguntando por el examen de X frágil o el cariotipo?

Continuó…

«Piensa un momento en ti. Detente. No estás bien y eso no es lo que le quieres dar a tu hijo, tampoco lo que mereces»

No era la única desconcertada. Los practicantes se miraron entre si tan desconcertados como yo.

– Has pensado en los últimos años en ti más que en autismo?¿Recuerdas quién eras antes de convertirte en esta que eres ahora?

Algo pasó dentro de mi. Me doblé… Me rompí. Y mientras mi mente racional me gritaba:

SÉ FUERTE! SÉ FUERTE!…BAH! NO HAY CASO… YA QUÉ!

Mis ojos se empezaron a inundar y por todos los medios intenté moderar las emociones en ese instante ya incontenibles. Pensaba… No hagas un show!! Demasiado público aquí!! Contrólate!! Ya sabes cómo odias llorar!!

De pronto las lágrimas ruedan sin que pueda hacer nada y se acerca este inusual doctor y contra toda probabilidad…Me abraza.

Sobra decir que lloré a mares. Lloré las lágrimas que debía y las que no esperaba jamás.

Yo. Tan fuerte, tan entera, tan inconmovible, estaba derrumbada ante un desconocido, una eminencia de la genética a quien uno pensaría insensible, un profesional a quien sus alumnos miraban con profundo respeto y quien nadie pensaría saliera de su posición para consolar a la madre de uno de sus pacientes. Fue un gesto honesto. Esas cosas se saben.

Siguió hablando mientras su abrazo perduraba paradójicamente llevándome a más y más llanto.

– Piensa más en ti. Deja de exigirte tanto… el autismo no da tregua, ya ambos tienen suficiente con enfrentarlo cada minuto… vive! disfruta a tu hijo y más que nada disfruta ser tú de nuevo.

Me mira a los ojos y remata con «Ahora estás mejor»

Fue una larga y emotiva conversación.

Esperé afuera del consultorio junto a mi hijo las remisiones y todo el trámite burocrático tratando de volver a mi lugar. Respirando para no seguir en modo emocional (evito llorar porque una vez sale la primer lágrima… saquen pañuelos y bastante señores!!)

Nunca olvidaré esa consulta. Ni el abrazo. Ni su mirada serena y humildemente sabia.

Muchas reflexiones saldrían de esta historia. Pero me limitaré a una.

En medio de esta batalla épica que es el autismo donde más que guerreros somos escuderos de nuestros hijos, olvidamos que no somos de acero. Que aguantamos demasiado para no derrumbarnos. Que nos ponemos firmes aunque estemos destrozados por dentro. Porque eso nos exige el mundo. Porque la fragilidad es erróneamente ligada a la debilidad. Porque muchas cosas no nos son permitidas.

Un consultorio no es el mejor escenario para ser sensible. Es quizá el lugar más insensible del mundo. Los profesionales ni siquiera levantan la mirada para ver a su interlocutor. Así que esta historia sucedió para no ser olvidada, justo porque lo que más recordamos es lo inusual.

No es una historia para aleccionar a los profesionales y que estos abracen a sus pacientes o a los acompañantes del mismo (esa suerte le toca a pocos). No. Es una historia evidenciando la valentía de un profesional para desafiar esa ética mal entendida que hace la brecha con el paciente estricta, infranqueable.

Es una historia de un profesional con empatía, comprensión, humanidad. Jamás se trató de compasión o de lástima. Profesionales de esos …Uno en un millón.

Lamento no haber agradecido el abrazo… las palabras…las lágrimas.

Y me disculpo porque esta historia se trate sobre mi y por primera vez no se centre en mi hijo.

¿Que si volví a consulta con este doctor? No.

No volví.

 

 

 

 

Anuncio publicitario

3 comentarios en “Sé fuerte, Sé fuerte…Plum!!

  1. angelaco

    Creo que también Fermín tiene que ver con qué tan vulnerable uno se muestra. Y en esa situación yo lo fui y demasiado. A veces el apoyo emocional no se trata de confortar o abrazar. También se trata de comprender y de estar ahí…llevar un té a tu esposa o salir al parque con tu hija. El apoyo emocional no necesariamente debe ser con gestos y el abrazo y todo esto. Todo es mejor cuando es simple.

    1. F e r m i n Romero de Torres

      Gracias. Es verdad. Muchas gracias. Tengo que pensar en ello, porque yo entiendo lo que dices. Incluso ella me lo dice en ocasiones: «¡Siempre te lo tengo que pedir todo! ¡Nunca se te ocurre nada!». No sé qué falla aquí dentro…

  2. F e r m i n Romero de Torres

    Leches. No me esperaba eso … por momentos pensé que se burlaba.
    Increíble. Irrepetible.
    Esto explica probablemente porqué en casi todas partes veo blogs de madres que muestran su esfuerzo, su día a día para salir adelante. Pero no de padres. (¿hay?)
    Una catedrática que perdió a su hija en la flor de su juventud me dijo un día: «Los hombres no tenéis ni idea. No sabéis lo que es el amor de una madre ni haciendo intento para imaginarlo. No digo que tú no quieras a tu hija, claro que la quieres, pero no como lo hace tu esposa.» Es una mujer que destrozada que lo ha conseguido casi todo pero la vida arrebató lo que más quería.
    Y en mi caso al menos es cierto. Yo no soy apoyo emocional para nadie y a duras penas para mi esposa y mi hija. Pero nadie sabe cuánto lo siento.
    Ellas tampoco.
    En una ocasión pregunté a un médico que conocí en Cruz Roja siendo ambos «objetores de conciencia» que cómo podían decir a alguien «Tiene usted cáncer, extendido, sin solución» y aislarse de las emociones. Me contestó que era necesario, que se puede empatizar un día, un momento, pero no todos los días hora tras hora porque eso terminaría con cualquiera. Acabó sus estudios para dar gusto a sus padres. En la primera consulta médica en que sucedió algo así, abandono y comenzó filología hispánica.
    Y ahora es feliz.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s