Hasta que no lo vives, no lo crees.

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Hace una semana asistía con mi hijo a una cita médica debido a una irritación en su cara que ameritaba revisión de un profesional. Nos hicieron esperar veinte minutos.  Luego de notar que el consultorio asignado no tenía médico y mi hijo a punto de estallar en rabieta con todo el ruido y el barullo del lugar bajé a recepción y dije la palabra mágica (desde luego sin medir consecuencias) CRISIS. -“Señorita necesito que atiendan pronto a mi hijo o entrará en CRISIS”.  La recepcionista nota que nos había enviado al consultorio equivocado.  Me indicó,  sin disculparse, el consultorio correcto. Pero no olvidó la palabra clave, activando el protocolo para manejo de pacientes en CRISIS en ese mismo instante.

Otros diez minutos más para que la doctora decidiera por fin atenderlo con la gravedad que mi hijo había escalado su rabieta y estaba levantando el lugar a gritos,  justificando así el dichoso protocolo. Finalmente entramos al consultorio,  la doctora ya había pedido ambulancia!!!! “su hijo está en CRISIS y no lo puedo atender… pero tampoco lo puedo dejar salir de este consultorio… de aquí saldrá para una unidad de urgencias psiquiátricas… ES UN PELIGRO PARA SI MISMO Y PARA LA COMUNIDAD!!!!

Ya conocía el caso de Rafa atendido bajo el protocolo de  Salud Mental por la misma entidad (retención, traslado a psiquiátrico, medicación intravenosa masiva atado a una camilla,  esto durante 20 días). Conocía el drama al rededor del manejo de una crisis y cómo una madre podía perder la potestad de su hijo solo con que un médico lo dictaminara. Con ese conocimiento dije NO! de este consultorio mi hijo sale conmigo a su casa y yo,  su mamá,  me hago responsable de él,  no voy a permitir que lo inmovilicen arcaicamente y que lo idioticen con antipsicóticos.

Creo que jamás dije un NO con tanto convencimiento.  Salí del consultorio,  de la clínica rápidamente y aterrada de lo que me esperaría en ese “escape”.  Estaba con la abuela de mi hijo y la apuraba para que tomáramos distancia de toda esa locura.  En el camino nos encontramos con personal de seguridad que por cosas de Dios no nos detuvo.  Curiosamente mi hijo,  a quien la doctora sentó contra la pared “protegiéndose” del “peligro”,  se había calmado en el instante en que fue atendido en el consultorio,  igual esto no anuló el protocolo activado. Al llegar a casa todo el día pasaba por mi mente esa película de horror.

En este país las leyes a veces funcionan y cuando funcionan lo hacen mal por su errónea interpretación.  Esta ley de salud mental que propende por los derechos de los pacientes ha hecho estragos en muchas familias.  Basados en la premisa ” Atención especializada, oportuna y digna” y aderezada con políticas particulares de atención a pacientes de alta “peligrosidad” que cada entidad de salud define,  logran que ante la palabra CRISIS,  o sin decirla se desaten consecuencias sin evaluar antes las causas.

Estas cosas uno las lee,  se entera por redes sociales,  pero jamás piensa que le puedan pasar a su propio hijo.  Creemos que son casos fortuitos.  Resulta que está pasando con mayor frecuencia de lo que se cree y están destruyendo vidas y familias.  Los médicos no tienen idea del manejo de personas con autismo. No saben cuánto les afecta el ruido de un lugar y sobre todo la espera que desespera.  Y sí se trataba de un dolor? Y sí el ardor en su cara,  motivo de la consulta, exacerbó su ánimo? Y sí lo hubiesen atendido a la hora indicada y no 30 minutos después? No.  Apliquemos el protocolo de salud mental porque la ley lo dice.

En esto nadie interviene…nadie regula… nadie ampara. Como padres y madres estamos solos ante una ley que nos perjudica y que autorizó una especie de secuestro simple y de paso la contención mecánica arbitraria y otros métodos de “regulación”.

Después de todo esto era mi obligación divulgar y he llamado a todas madres conocidas si tienen que acudir al médico con sus hijos en condición de autismo para advertirles del riesgo que corren sí el chico se altera,  preferible perder la cita y no la potestad de su hijo.  ah! y jamás digan la palabra clave: CRISIS.

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