Un solo camino: el de tu hijo.

camino

Cuando se trata de nuestros hijos no hay lugar a comparaciones. Así como existen tantos tipos de autismo como personas en esta condición,  no hay un solo camino igual a otro.  Cada chico,  chica,  familia hacen día a día su propio destino.

Esto lo digo porque en una de esas reuniones de padres, donde nos desahogamos de nuestro día a día y reímos y lloramos y hablamos acerca de esa montaña rusa que es el autismo, me encontré con una mamá bastante apesadumbrada. Decía no tener nada asombroso para contar de su hijo COMPARADO con lo que otras familias compartían. Su hijo,  decía ella, no tenía tantas cosas buenas.

Cuando compartimos experiencias nos sentimos identificados con otras familias, solidarios,  combatientes del mismo bando. Pero es inevitable  en algún momento comparar,  es algo así como un defecto de base que todos tenemos,  lo reconozcamos o no.

Y entonces empezamos a reunir evidencia en nuestra contra,  el padre que cuenta que su hijo crea prototipos robóticos,  la madre que lleva a su hijo a clases de violín o piano, la familia que cuenta con lujo de detalles lo independiente que es su muchacho y el cual pronto asistirá a secundaria.

Si.  Inevitable. aparte de comparar nos juzgamos con dureza (porque ellos si y mi hijo no).  Pero olvidamos,   que aunque muchos padres suelen ser buenos publicistas de sus hijos y preferirán no contar ese lado negativo de la historia, no quiere decir que todo sea cielo azul con arcoíris. El autismo es implacable y democrático,  sobre todo pintando nubes grises.

Pero como no nos queremos quedar con la duda de cómo llegó a tocar violín un chico con el mismo diagnóstico de nuestro hijo,  preguntamos. Y la respuesta no es una guía para homologar o llegar a esa misma meta.  No. La respuesta nos muestra lo individual y único que resulta cada camino.

Cada persona traza el suyo propio y no es excepción quien tenga un diagnóstico. Hay un montón de condicionantes y variables que diferencian el resultado de una intervención y por ende las habilidades que se adquieran.  Desde el sistema de salud que nos tocó, hasta de la forma como nos informaron el diagnóstico, sí tenemos facilidades para exponer a entornos potenciadores de talentos o sí pudimos pagar terapias particulares entre otras, muchas cosas influyen.

La idea es avanzar mirando más hacia adelante y no tanto hacia los lados.  Conocer y valorar a nuestro hijo o hija,  y bajo la premisa de “potenciar lo bueno y  trabajar en las dificultades”. Porque si hay algo a lo que debemos apuntar seguro es a que sean lo más felices que se pueda.

En esa búsqueda de la felicidad  nos equivocamos nueve de diez,  pero ese pequeño acierto nos hace honestamente humanos.  Y recordemos no son errores, simplemente tomarlo como “tiros de práctica”, que perfectos ninguno llegaremos a ser. No nos juzguemos tan duro.

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