Sincronía.

Comunicaciones-de-Tempo

Sebastián,  quien por estos días está en casa por los “azares” de nuestro sistema de salud,  tiene una especial fascinación por las palabras que contengan la letra “r” y por aquellas nuevas que no para de repetir y de tratar de comprender. Las dos últimas que le han encantado: Simetría y Sincronía.

Y Sincronía es una palabra que a mi también me gusta.  Diría yo que es la clave para un resultado exitoso en todos los procesos que llevemos a cabo con nuestros chicos.

Al llegar a un sitio nuevo,  sea institución o colegio, esperamos mucho de este.  Que tenga las implementaciones adecuadas,  los profesionales capacitados,  las instalaciones apropiadas,  el proyecto establecido,  entre otras cosas. Conocemos a nuestros hijos y sabemos qué funciona y qué no o para quienes están empezando ya lo aprenderán en el camino,  eso es seguro.

Pero resulta que nos encontramos con una gran dificultad común a muchos lugares, la falta de concordancia entre el trabajo de los profesionales y el trabajo de la familia.  Usando esa palabra favorita de mi hijo,  la falta de SINCRONÍA.

Sincronía,  en el sentido del trabajo conjunto,  en equipo,  con objetivos similares,  con caminos concordantes que llevan a los resultados que ambas partes desean:  el desarrollo pleno de las capacidades del alumno o hijo.

No siempre suele ser así. A algunos profesionales les gusta trabajar “solos” sin la intervención de las familias a las que consideran enemigas de sus inamovibles. Tienen la idea de que sus estrategias han funcionado por mucho tiempo y así debe seguir siendo. No admiten sugerencias, aportes a su infranqueable proyecto y mucho menos correcciones.  Se vuelve imposible la comunicación y los avances generalmente bajo esa dinámica no son muy evidentes ni perdurables.

Las familias de personas con necesidades especiales nos volvemos  expertas en la condición de nuestros hijos.  Leemos,  nos alimentamos todos los días de información,  pero sobre todo de la experiencia que no da ninguna universidad,  esa experiencia que subestiman algunos profesionales donde hay que incluir a los neurólogos y a los poderosos psiquiatras. Conocemos tanto como padres,  como familia,  que sabemos cuál es el camino correcto para un aprendizaje,  para lograr todo el potencial de nuestra persona especial.

Es usual que se llegue a establecer relaciones muy tensas entre padre y profesional. Tanto así que la mayoría de las veces  los padres  tenemos que buscar otro camino.  No debería ser así. El profesional debe estar preparado y dispuesto a escuchar. Alguna vez un psiquiatra en consulta me dijo  “hable usted finalmente es quien conoce a su hijo y me va a enseñar cómo es él”. No es arrogancia,  ni sobradez,  es experiencia,  es sabiduría.

Por ejemplo,  Sí conozco que mi hijo trabaja mejor con pictogramas,  de forma visual y concreta,  de esa misma forma espero que se trabaje en su escuela o institución.  En otro caso, sí  mi hijo está aprendiendo a leer de forma global palabras y contextualizándolas en su cotidianidad y resulta que en la escuela o institución tiene como método el silábico los progresos no serán muchos. Sería muy perturbador para un chico trabajar de una forma en casa y de otra forma con el profesional.  Esto da como resultado el estancamiento de los procesos de aprendizaje,  cosa que se podría evitar sí le permitieran a la familia aportar a ese proceso que muchas veces por políticas de la institución no se modifica.

La sincronía se trata de eso,  de trabajo integrado,  engranado entre las partes.  Uno aprende del otro.  Ninguno por encima del otro. No es una relación de poder,  es trabajo en equipo.  Es comunicación.  Es empatía.  Es acordar objetivos y metas.  Es buscar conjuntamente soluciones,  reconocer errores, valorar el aporte de todos.  Es recordar que somos padres por nuestros hijos y profesionales por nuestro paciente o alumno.

No es difícil,  un poco de humildad,  mucha comunicación y mente abierta, ayudan a ese proceso de sincronía,  para que la próxima vez que como familia nos acerquemos al profesional para hablar del proceso de nuestro hijo no nos vean como una molestia sino como un miembro más del equipo.

Quizá no es casualidad el que a Sebastián le gusten esas dos palabras,  Quizá solo trata de decir a su manera lo que tanta falta le ha hecho en el camino.  Simetría (Igualdad). Sincronía (Concordancia).

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