El tiempo tangible.

Para nuestros hijos manejar el concepto de tiempo es una tarea bien difícil sin las herramientas e instrucciones adecuadas.  Siendo algo tan abstracto llegamos a complicarlo aún más si lo definimos a través de nuestras ambiguas expresiones: “dame un minuto” “espera un segundo” “en un momento…” “pronto llegaremos a…”

El manejo del tiempo se hace tan necesario que resulta imprescindible mostrarles el tiempo en unidades “tangibles”, es un ingrediente esencial en los procesos de anticipación,  estructuración y organización de su día a día.  Adaptar esta enseñanza evita las consecuentes rabietas por no saber cuánto durará una actividad,  cuándo se realizará y cómo saber empezar o acabar una tarea.

Esta vez quiero hablar sobre el tiempo en sí.  Como adultos neurotípicos siempre queremos tener el tiempo bajo control.  Usamos relojes de pulso,  alarmas o señales que nos indiquen cuánto tiempo falta,  tendremos o tomaremos para un evento cotidiano. Siempre preguntamos “cuánto durará la reunión” “cuándo llegarás a casa” “cuánto tardarás”. Nuestros hijos también se hacen esas preguntas y necesitan a su manera cuantificar el tiempo,  hacerlo tangible.

Con mi hijo notaba que siempre al iniciar actividades comenzaba la ansiedad,  no permanecía mucho en la silla y su mente no estaba presente. Cuando la situación era abrumadora porque tenía varias actividades de mesa la rabieta no tardaba en aparecer.  Aún con la agenda visual enumerando la secuencia de tareas la ansiedad continuaba.  Notaba que al decirle “cuando termines de rellenar de color la figura habremos terminado” le daba cierta tranquilidad pero entonces él manejaba el tiempo coloreando rapidísimo y volaba de su silla sin más una vez terminaba.

polloFue así como vimos la necesidad de  un marcador tangible pero neutral administrando el tiempo que permanecería en su actividad.  Así sencillamente “Pollo” se convirtió en nuestro aliado,  un cronómetro de cocina.  Es una solución sencilla y pareciera muy obvia pero no tanto,  porque ningún terapeuta,  ni maestro,  ni psicólogo había hecho uso de esta herramienta y siempre se encontraban con un chico veloz en sus tareas y que escapaba cuando le venía en gana.

Al comienzo los periodos de tiempo eran cortos para evitar que odiara a Pollo.  Usando la agenda visual y  las bandejas de tareas que como máximo son tres,  cinco minutos fueron suficientes para iniciar. Poco a poco fuimos aumentando los periodos de tiempo hasta llegar a veinte minutos por tarea y dependiendo la misma. A veces atenta al estado anímico y emocional bajo a diez minutos,  pero el siempre está pendiente del Riiiing  que le dice ¡acabamos!

Así hemos evitado esos repentinos saltos de la silla y la evasión del salón o del estudio.

Eso en el trabajo de mesa o incluso de juego.  Pero aún tenemos que solucionar en la cotidianidad ese cuánto,  ese cuándo y es la siguiente entrada donde contaré cómo lo estamos logrando pues el cronómetro se queda en casa,  porque no es agradable un riiiiing en la mitad de una cita médica.

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