Cuándo creció mi hijo?

Y no hablo solo de estatura.  Entre los ires y venires,  entre terapias, médicos… más terapias. Entre el afán de cada día que con todo y los imprevistos se vuelve rutinario,  el curso de la vida sigue. Nuestros hijos a veces silenciosos y en otras huracanadamente desafiantes, crecen por fuera,  crecen por dentro sin importar que nacieron con autismo, igual crecerán.

En mi caso hasta hace unos meses Sebastián era un niño de trece años y lo trataba como tal. Comparar nunca me pareció sano pero a veces es inevitable,  como el ver a los vecinos de la misma edad de mi hijo ¡con novia! ¡planeando fiestas! ¡en motocicleta! No es que desee que Sebastián ande por ahí saliendo de  fiesta con su novia en motocicleta, el duelo ya lo superé hace rato; el punto es hasta dónde vemos a nuestros hijos especiales como niños.

Pero ningún psicólogo tuvo necesidad de hacerme terapia para enfrentar la adolescencia. Esta se estrelló en mi vida cual meteorito con todo y el impacto. Sebastián,  fan número uno de los Simpsons,  cambió sus amarillos amigos por cantantes de reguetton (perdón si no se escribe así) con letras que seguro él no comprendía pero que le parecían rítmicamente llamativas (sonaba tantas veces la cancioncita que terminaba por aprendérmela) y si va en el autobus sonando la monotóna melodía pide a voz en cuello “súbele el volumén!!!”

Su energía subía a la par con su rebeldía (sonó a reguetton verdad?). y qué pasa cuando un adolescente está lleno de energía? explota. Explota en rabietas, en autoagresividad y en conductas incontrolables.  Hay que ser honestos: La adolescencia es la prueba de fuego del autismo.

Ayer opinaba en un foro que la intervención temprana era importantísima si de evitar problemas a futuro se trata.  Con Sebastián esa intervención temprana no lo fue tanto. Su diagnóstico se dio a los cuatro años,  ya antes había consultado al pediatra por el retraso de lenguaje y sus exóticas y ritualistas conductas.  Nada, el médico considero que estaba atravesando etapas y no había razón a preocupaciones. Pero al ingresar al colegio,  específicamente al preescolar oh “sorpresa”,  la psicóloga educativa me dice que nota serios indicios de autismo en mi hijo y en un acto que agradecí profundamente comenzamos el proceso en busca de la verdad. En realidad fue rápido porque por fin conseguía cita con el psicólogo,  esa que siempre creyó innecesaria nuestro médico.

Ese día estaba muy ansiosa porque como madre esperas que nada de esto sea verdad y que al otro día tu hijo comience a ser “normal”. Al entrar al consultorio Sebastián se hizo sentir con su característica efusividad,  me preguntó el motivo de la consulta, aunque su sonrisa de “no me digan que ya lo sé” me preocupó.  Luego de hacerme, no sé,  doscientas preguntas quizá, me dice: Sebastián tiene autismo.  Ese momento no se olvida jamás y rescato el tono en que me lo reveló este psicólogo que hizo ver el diagnóstico menos oscuro que en otras historias que he escuchado, aunque más adelante muchos se encargarían de hacerme trizas las ilusiones.

Esa tarde caminamos bastante con Sebastián hasta que empezó a anochecer.  Siempre estuvo la esperanza en mi y me repetía mentalmente “saldremos de esta” e inicié casi de inmediato el duelo saltandome la negación,  pues la certeza de que algo andaba mal estuvo siempre ahí, pero ahora solo me preocupaba una palabra: “autismo”.

Cuando llegué a casa lo primero que hice fue entrar a internet,  que por esos días era la sensación para mi. Escribir “autismo” en el motor de búsqueda me remitió a miles de opciones,  hoy en día es increible que llegue a los nueve millones de resultados.  El primer click fue mágico porque me llevó a una persona que me explicó el autismo sin tecnicismos y de entrada me aconsejó y guió recalcando que la cura del autismo era el trabajo duro y la aceptación de mi hijo con sus problemas pero sobre todo con sus capacidades.  Javier Garza, quien ya no está con nosotros, fue mi primer referente y el mejor porque quienes saben más de autismo en este planeta son aquellos madres y padres de una persona en dicha condición.

De ese punto hasta hoy mucha agua ha pasado bajo el puente. Pérdida de tiempo en terapias semanales que a duras penas le arrancábamos al sistema de salud con profesionales poco capacitados en el área. Pérdida de tiempo en psiquiatras que nos cambiaban el diagnóstico.  Pérdida de tiempo en una inclusión forzada que si bien ayudó un poco en la interacción social,  no dejó de ser perjudicial en muchos aspectos,  quizá fundamentada en esa falsa idea de que nuestros hijos aprenden por imitación. Ese tiempo perdido no se recupera y esa intervención temprana que en mi concepto no fue la óptima es la que hoy nos podría estar pasando factura.

Durante los últimos meses esa explosión de energía se manifestó  y toda la carga sensorial que aparentemente estaba controlada se desbocó en intolerancia a los alimentos,  hipersensibilidad auditiva y táctil, trastornos de sueño y mal caracter.  Las hormonas propias de la época hicieron de catalizador. Parece ser que es una situación común arribada la adolescencia  con autismo o sin él.

Actualmente se encuentra en una Institución de Educación especializada en autismo dónde siento que por fin se interesan en el futuro de mi hijo y tienen todo para lograr grandes cosas con él. Estoy buscando el retorno a sus deportes favoritos (natación y equitación) que por costos tuvimos que suspender pero que son parte imprescindible de su vida.  Todo esto sin ayuda del gobierno local o estatal,  si luchara por ese tipo de contribución mi hijo continuaría en casa a la espera de que el oxidado sistema jurídico – social le aprobara la famosa “atención integral”. Perder más tiempo?

Sebastián sigue creciendo y con él las preguntas y las dudas desde luego,  pero más importante, aparece un muchacho maravilloso,  cariñoso y lleno de valentía,  lleno de esperanza.  Pudimos superar el diagnóstico,  ahora a recargarse para esta etapa donde mirar atrás nos retrasa y paralizarse con el futuro no es una opción,  lo que hagamos ahora capitaliza el mañana.  De la mano de Dios lo lograremos,  lo estamos logrando.

Un pensamiento en “Cuándo creció mi hijo?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s