Desorden Sensorial y Autismo.

El lunes estuvimos en el centro comercial y confirmé que Sebastián se resiste a entrar a los supermercados,  no se mueve de la entrada. Esto no sucedía antes,  lo que me indica que ciertos desordenes sensoriales pueden reaparecer o surgir con los años. Pienso que la estimulación sensorial no debe tener pausa,  debe ser una constante es sus vidas.  Volviendo a los del super, empecé a sacar conclusiones sobre las razones de su nuevo temor. Resulta que nosotros vemos un lugar con muchos objetos para elegir y comprar verdad?.  Sebastián y otros niños con autismo pueden verlo de otra forma: Estantes repletos de diferentes cosas, una torre de latas que de repente aparece en su camino, pasillos que se estrechan más y más, olores que se mezclan, personas hablando por todo lado mientras se anuncian las ofertas del día.  Demasiada información que invade los sentidos y evitarla es una forma de protegerse.

Por eso el artículo que hoy comparto desde Autismo Diario explica esa necesidad de “aislamiento” que yo llamo autoprotección, que necesitan nuestros hijos dada su condición.  Por ahora mi meta es desensibilizarlo poco a poco para evitar la pesadilla del supermercado.  Algo que quiero aconsejar es no exponer a la fuerza a nuestros chicos a situaciones que le generen temor,  es un trabajo que toma tiempo;  tampoco mostrarles preocupación o molestia.  Entenderlos,  ponerse en sus zapatos es la mejor forma de  ayudarlos.  De vez en cuando unas “vacaciones sensoriales” lejos del mundanal ruido serían recomendables.

Desordenes sensoriales: Autismo no significa aislamiento sino todo lo contrario.

Se suele decir que la persona con autismo vive retraída en su mundo. Encerrada, aislada. Y evidentemente sus conductas así lo demuestran. El no tener o evitar el contacto visual, evitar contacto físico o la falta de comunicación verbal son algunos puntos en común . Pero nadie nos aclara de forma sencilla el por qué de estas conductas.

Una de las teorías al respecto, la cual ha sido avalada por muchas personas con autismo al darnos su testimonio, es precisamente lo contrario de lo que a priori podíamos pensar, y es que están hiper-conectadas. Para ser más exactos, esta hiper-conexión está relacionada con una mala “sintonía” de los sentidos. Por ejemplo: Si estamos cenando en una mesa con amigos, se pueden dar tres conversaciones simultáneas, pero tenemos la capacidad de “eliminar” las conversaciones de los demás y centrarnos en la que estamos teniendo. Esto para un niño con autismo suele ser extremadamente difícil, oye todas las conversaciones a la vez, mezcladas. Si nos ponemos una camisa de seda, notaremos la suavidad del tejido sobre la piel, un niño con autismo podría percibir la sensación de que la camisa está hecha con papel de lija. Un abrazo, para él puede resultar una agresión. Y así, un sinnúmero de factores relacionados con las capacidades sensoriales del niño. Las cuales también están afectadas.

Ante esta situación de saturación sensorial, el niño tenderá a “aislarse” como un sistema de protección ante la “agresión” que percibe. Y apreciaremos todas esas conductas descritas, que sumadas a los problemas de comunicación muestra un cuadro típico de autismo.

Hay infinidad de literatura y estudios sobre los problemas relacionados con el lenguaje y la comunicación -que es sin duda un aspecto muy serio-, pero cuando hablamos de los desordenes sensoriales, la cantidad de información cae estrepitosamente. Una de las primeras acciones a realizar en la intervención en el niño con autismo suele corresponder a establecer un sistema de comunicación. Sin comunicación no hay aprendizaje, y sin aprendizaje no hay avances. Y sin avances, todos sabemos lo que sucede.

Una vez el niño comienza a comunicarse las cosas suelen cambiar y vemos como el estado en general mejora. Pero no lo que se podría conseguir en una intervención a todos los niveles. Nos dirán que esto es muy lento, que hay que tener paciencia, y es cierto, es lento y hay que tener paciencia, pero también debemos de ser conscientes de la gran importancia que tiene “sintonizar” adecuadamente los aspectos sensoriales del niño. A medida que avancemos en la integración sensorial, mayores serán los avances en el apartado de comunicación, contacto visual, socializar e incluso en aspectos como ir al baño o al alimentación. En suma, debemos abordar la intervención desde diversos frentes, por supuesto, siempre bajo la estricta supervisión de profesionales, que son quienes deberán diseñar el mejor modelo para cada niño. No lo olvidemos, la intervención debe adecuarse a las capacidades y necesidades del niño, nunca al revés.

Una acción combinada nos dará mejores resultados, y haremos que el niño adquiera capacidades un poco más rápido. Y hablando de niños, su tiempo es oro, no lo desperdiciemos.

Artículo original:  Autismo Diario,  Daniel Comin.

imagen:  google.

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