Enemigos de la inclusión.

Imagen de Mariana Fossatti

Participo cuando puedo en un foro latinoamericano, donde padres con hijos en condición de discapacidad comentan sus dudas,  sus historias,  sus opiniones; este foro también recibe aportes de profesionales y me he encontrado con algo que me pareció imposible de creer.  Uno de estos “profesionales” dice (lo expongo resumido sin toda la retórica que esta persona le imprimió) “la inclusión es un nuevo invento creado por padres con expectativas frustradas que no han asumido la realidad y es un medio de chantaje para los maestros que se ven obligados a recibir en sus aulas alumnos especiales” y concluye: “deberían buscar otras áreas de la comunidad para que los incluyan, no las escuelas”.

Puede parecer aterrador lo que esta persona opina,  pero generalmente este tipo de apreciaciones surgen cuando no se conoce del tema. Todos sabemos que muchas veces  la reacción ante lo desconocido es el rechazo y la mejor opción es no tomarlo como un ataque sino como una oportunidad para erradicar ideas caducas y perjudiciales.

Afortunadamente la humanidad está evolucionando a una nueva mentalidad y obliga a aquellas personas con ideas infranqueables a repensar sus prejucios.  Sucedió hace siglos cuando se decía que la tierra era plana y aún en la actualidad con respecto al calentamiento global donde algunos lo declaran como un invento para manipular el progreso.

En los últimos días he visto las dos caras de la inclusión, la positiva al conocer muchachos con autismo trabajando en grandes cadenas de almacenes,  abriendo camino para quienes comienzan,  derribando mitos con su oficio;  y la inevitable cara negativa,  la de alumnos especiales enfrentando el moving escolar ante la indiferencia de maestras y directivas o la discriminación en la ruta escolar de la escuela que les niega la posibilidad de acceder a este servicio a los alumnos con autismo obligando a los padres a ir por ellos al colegio.

La tarea es dura cuando nuestros hijos hacen parte de una minoría,  pero resulta alentador saber que en casi todos los países del mundo se batalla por concienciar que la inclusión no es un invento, un boom, sino un derecho fundamental. Debemos unirnos,  comunicarnos y hacer una gran red mundial de padres que respalde a nuestros hijos y a quienes tienen una visión más acertada y humana del autismo o de cualquier discapacidad.

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