En tus zapatos

Caballos 039

Cuando alguien dice “ponerse en los zapatos del otro” uno imagina lo que piensa, lo que siente ante determinada situación y como llega a ver el mundo. Cuando este ejercicio lo hacemos con alguien tan especial como nuestros hijos… las cosas se ponen un poco más complicadas y muy rara vez logramos un honesto resultado.

Ponerse en los zapatos de un niño con autismo no va más allá de las buenas intenciones. En algún lugar leía que solo los muy fuertes podrían experimentar y salir ilesos, esto debido a las profundas dificultades a las que se ven enfrentados en este extraño y loco planeta donde a veces los únicos cuerdos podrían ser estos chicos.

El mundo les resulta tan amenazante, con sus variaciones de tiempo, las caras que expresan mucho pero no dicen nada, las exigencias que sienten pero que no conocen, el no poder gritar sus angustias con palabras y reducirlas a movimientos y extraños sonidos que aparte de todo deben reprimir para no molestar a los demás.

Sus días comienzan sintiendo despertar los sentidos potentemente, sintiendo el agite del mundo a su alrededor, todos con afán gritan su nombre y una palabra que nunca le ha gustado: rápido!!! Los automóviles cruzan en distintas direcciones más ordenadamente que las personas, quienes pasan veloces, con expresiones duras y amenazan con su imponente presencia; ellos solo miran el caos, oyen millones de sonidos entre los que se pierden la voz de quien los lleva de la mano, mano que no detectan porque están ahogados en sensaciones tactiles para nosotros inconcebibles. Cuando llega el momento de cruzar la calle caminan torpemente pero es que ellos solo tienen miedo de dar el siguiente paso… no saben hacia donde ni cuando volveran a detenerse.

Lorna Wing decía que el temor más grande de un niño con autismo al apartarse momentaneamente de sus padres o cuidadores era el desconocimiento del tiempo y espacio, el no saber si sería definitivo, eso es la pesadilla para ellos. Llegada la noche no siempre sus sentidos bajan la guardia… quedan tan cargados de sensaciones que procesarlas puede tardar mucho más que en los llamados normales. Esto podría explicar que pasemos noches enteras sentados a su lado esperando que Morfeo se decida a pasar por su cuarto.

Cuando duermen y vemos esas caritas tranquilas, puedo asegurar sin duda que todos nosotros descansamos no solo física sino espiritualmente, porque sentimos que apagan esa locomotora en su mente y viajan en una tranquila nube donde todo es tranquilo, azul, suave y vuelan por todo lado angelitos sonrientes que juegan con ellos hasta el amanecer😉 . El sol saldrá de nuevo todos los días y todo vuelve a comenzar.

Sería bueno que tratemos de ser ángeles para nuestros hijos y les ayudemos a enfrentar su día a día, pues como ven llevar esos zapatos es una titánica tarea que los “normales” a veces ignoramos.

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