En el prefacio del libro Atravesando las Puertas del Autismo de Temple Grandin, la prodigiosa ingeniera con autismo, expongo cuatro fragmentos que a mi parecer se constituyen en verdades que derriban mitos. El libro ya lo leí, pero suelo recorrer de nuevo lo que leo porque siempre encuentras algo nuevo y diferente.
“…llegó a convertirse en un notable ser humano y en una autoridad mundial en lo que eligió hacer”
Resalto “eligió hacer” porque muchas personas creen que el autismo quita el poder de elección, que todo a lo largo de su vida es consecuencia de elecciones hechas por adultos a su alrededor, veletas con vientos ajenos. Pues no! nuestros hijos eligen sabiamente lo que quieren y lo que no quieren, lo que les conviene y lo que no. La labor de nosotros los adultos a su alrededor es ayudar a que su elección tome forma y aterrice en un proyecto concreto. Notarán ese poder de elección en la camisa que guardaron porque nunca les gustó, en su color favorito, en su comida preferida, en sus talentos. Estamos allí para animarlos, para decirles que si es posible lograr lo que ellos eligieron hacer.
Algunas de sus cualidades autistas originales estaba aún presentes, pero orientadas de otro modo o incluso aprovechadas… había tomado y reelaborado todo aquello con que ya contaba”
Impresionantes guerreros verdad? El autismo tiene muchas aristas que pueden parecer barreras infranqueables. Nuestros hijos deciden usarlas como plataformas. Por ejemplo, Lo que para otros es ensimismamiento para ellos es concentración, esa que la mayoría de las personas ya no tenemos. Un chico con autismo se enfoca en algo, pone todos sus sentidos en ello, crea, desarrolla. La sociedad de hoy dejó de enfocarse, diez mil cosas a la vez pero ninguna importante o terminada. Otro ejemplo, la obsesión por determinados temas, para otros es una anomalía, para ellos un interés, es allí donde se crean los talentos. para ser bueno en algo hay que obsesionarse con ello, grandes mentes a través de la historia lo demuestran. Definitivamente hay que ser especial e increíble para hacer cosas especiales e increíbles.
“A pesar de su conducta poco sociable, a Temple le preocupaba mucho lo que la gente pensaba de ella.”
A muchos padres nos ha pasado. Estando en el consultorio alguien se nos acerca y empieza a preguntar: ¿qué tiene?, ¿él habla?, ¿él está estudiando?, ¿cómo va a hacer cuando ya esté grandecito? la preguntas son para nosotros pero están mirando a nuestros hijos y hablando de ellos como si no estuviesen allí, como si no escucharan. Y vaya que escuchan! Por un instante imaginen ese escenario, pero son ustedes de quien hablan. Nada agradable. Nuestros hijos están expuestos al prejuicio constante, a la mirada inquisidora, pero desarrollan una fortaleza que los hace tolerantes más no insensibles lo que resulta en niños, jóvenes y adultos cordiales, respetuosos y acogedores. Esto porque a nuestros hijos si que les interesa hacer parte de la sociedad, contrario al viejo y caduco mito del aislamiento que erróneamente se le atribuía al autismo.
“Tal vez la barrera más difícil de superar para Temple era la cruel bondad con que se intentaba protegerla de expectativas que pudieran fracasar a causa de su autismo”
Acompañados del diagnóstico vienen los pronósticos. Aquello posible. Aquello que no será. Bajo un estandar general (llámese DSMIII, IV o V…) encasillan a los niños con autismo dentro de expectativas pobres y sombrías. Nos invitan a esperar menos de lo deseado. Pero no cuentan con que debajo de esa etiqueta de “autismo” existe un ser humano con ilimitadas capacidades. Dos cosas son fundamentales en ese propósito: EXIGIR. Como dice la frase de Kipling: Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer lo hará. Si solamente le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada. NO INFANTILIZAR. Nuestros hijos crecen, nos son niños eternos. Tienen autismo pero su desarrollo sigue el mismo curso de un chico regular.
Para finalizar William Carlock, autor del prefacio, afirma: “Temple ha demostrado sin lugar a dudas que hay esperanza para los niños autistas: que la existencia constante y en profundidad, la comprensión, la aceptación, las expectativas adecuadamente elevadas y el apoyo para que desarrollen sus mejores cualidades proporcionan una base a partir de la cual esos niños pueden progresar hasta el límite de sus posibilidades”.
Imagen: Temple Grandin – Revista Time.
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